Camposanto. @zendalibros. #DíadeMuertos.

A pesar de la multitud que abarrotaba el cementerio, cuando se hincó de rodillas rota de dolor, se sumergió en un letargo donde permaneció hasta el momento en el que un escalofrío le recorrió el cuello, haciéndola despertar, instante en el que se percató de algo.

No supo cuánto tiempo estuvo ausente, solo eran matices los que la asaltaban: olores a bebé zambullido en la ternura de unos pechos henchidos sólo para sus labios, recuerdos de susurros en su frente, ondas afectivas con las que hacerle llegar su amor incondicional.

La muerte en vida, temiendo un mal soplo que lo rozara siquiera, un mal de ojo fabricado por la envidia tirana de una vecina caprichosa, un mal querer que en su recién estrenada juventud le robara la cordura, la sonrisa perenne con la que ella lo había soñado desde el instante en que perdida en la lujuria, lo supo suyo en su intención. Lo apresó a su vientre poniéndole nombre entre gemidos: “mi niño Darío”, no más quería eso, aferrándose a él como una descosida: “no más tengo, no más quiero”.

Flashes de una biografía reconstruida  obviando pequeñeces, necedades de crío caprichoso,  negro filtro que muestra siempre luces, ocultando las sombras que el amor niega.

Desde hace dos años lo viene a visitar al cementerio cada día, reposa en  una tumbita muy bien cuidada en la que invirtió lo poco que le quedaba tras el accidente en una carretera perdida al norte de México. No le quedan más que recuerdos circulando en bucle, asfalto maldito.

El escalofrío que la despierta le tuerce el cuello hacia la punta de una papelillo doblado bajo la palmatoria roja principal. Aturdida, no acierta a recordar cuándo ni por qué lo colocó allí. Achaca al trajín de un día tan especial el despiste.

Ha estado casi media noche divagando, saltando de dolor en dolor y ahora le cuesta un mundo incorporarse. Se acerca dudando de sí misma. No ha llegado a rozarlo cuando tiene la certeza de que ella no ha sido. Disimula recolocando la fuente de carabelas de chocolate, mientras gira la cabeza cartografiando el camposanto. Se decide de una vez, desplegando meticulosamente la hoja manuscrita:

“Recuerdo a Darío cada segundo de mi vida y lo haré en la muerte también. Vengo a diario, no lo olvido. Si lo olvidara, perdería mi razón de ser. Si gira la cabeza, diez tumbas más atrás me tendrá a su disposición. Vengo a ver a mi niña Candela. Doce años me hizo compañía, no más. Esta zona no es sitio para mujeres, ni para niñas, ya sabe. Me la entregaron destrozada una tarde. Son muchas las fieras que campan por aquí, nadie les da caza, tienen miedo. Por suerte, algunas sufren accidentes.

Quiero que sepa que entiendo su dolor, la veo sufriendo a diario, como yo lo hago.”

2 comentarios sobre “Camposanto. @zendalibros. #DíadeMuertos.

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: