Los trazadores.

Era la primera vez que nos encontrábamos con un elemento no cartografiado en una ruta, por no estar, no aparecía ni en el GPS, de hecho la brújula se volvió loca a la entrada de aquel túnel que solo dejaba entrever al fondo, muy distante, una ráfaga de tenue luz.

Todo comenzó  como un juego. Cada fin de semana un componente del grupo planificaba un recorrido. Las primeras salidas se limitaron a paseos de no más de diez o doce kilómetros para “airearnos” de la rutina semanal. La mayoría teníamos trabajos  con horarios prolongados pegados a una silla, quemándonos los ojos frente a la pantalla de un ordenador. Las salidas nos hacían sentir vivos, daban sentido al abismo diario.

El juego fue evolucionando sin pretenderlo. Lo que en un principio fue una vía de escape terminó en un pacto no escrito que establecía las normas básicas del mismo: “las rutas serán una sorpresa hasta su comienzo, donde llevados al punto de partida, se nos proporcionará una idea escueta de los kilómetros a recorrer, dificultad del recorrido y los accesorios necesarios. Éstos últimos serán cuidadosamente escondidos en la furgoneta volkswagen  T1 tuneada que utilizábamos para desplazarnos”, a la que llamábamos cariñosamente “Scooby doo”

Veníamos de vuelta de muchas cosas, boomerang ochentero que había quemado casi todos sus cartuchos en  largas noches aferrados a copas y lo que se terciara. Ahora, con perspectiva inversa, nos apremiaba la necesidad de frenar el desenlace. Ya no éramos tan jóvenes, no hacía falta más que mirarnos a la cara para saber que al igual que al resto,  a cada uno de nosotros nos estaba pasando factura la vida y los excesos.

Adictos por naturaleza, cambiamos la sustancia objeto de deseo. La vía de acceso era la misma, el objetivo final sin embargo distaba mucho de lo que un día fue. Buscábamos aire limpio, zonas de espesa arboleda donde respirar y perdernos. Sin darnos cuenta, ruta a ruta, transformamos los paseos en auténticas desafíos y lo que  empezó como un divertimento de fin de semana se fue convirtiendo en opio para nuestro organismo. Por eso, cuando la ruta no estaba al nivel esperado, la ausencia de éxtasis era penalizada castigando al trazador. Teníamos un ranking de trazadores, y HarperL solía estar en lo más alto casi siempre.

—Tendrá un par de kilómetros, tres a lo sumo—puntualizó HarperL con  certeza de no errar en el cálculo. Todos confiamos en su criterio, nadie rebatió su previsión, ni siquiera LamarH.

La tarde era clara y aún quedaban horas hasta que el sol se perdiera tras los riscos del horizonte. Había tiempo de sobra de salir por el otro extremo sin que la noche nos apresara allí dentro. No había motivo para no entrar,  además, regresar por donde habíamos venido hubiera supuesto unos veinte kilómetros más de marcha y estábamos cansados a esas alturas del día. El túnel casi cerraba el tramo de la ruta circular de aquel sendero perdido, que como curiosidad contaba con una parte del trazado que  no aparecía en los mapas, pero que si queríamos completar nos forzaba a pasar por allí.

Unos sesenta minutos de marcha en silencio decía mucho de la oscura sensación que todos percibimos y que ninguno quiso siquiera mencionar. Nos limitábamos a fijar la mirada en el húmedo lodazal que cubría el suelo,  donde los pies se quedaban hincados dificultando la marcha. De vez en cuando levantábamos los ojos esperando que la luz estuviera a nuestro alcance o por lo menos no tan lejos como la última vez. Sin embargo parecía rehuirnos y alejarse de nuestro encuentro. Sucedía lo mismo al girar la vista hacia el otro extremo.

MarieC paró en seco sentándose en un saliente pronunciado que apareció en la parte inferior de la pared derecha.

—¡Sí que era cierto que nos ibas a sorprender esta vez! ¿Dónde narices has encontrado este maldito recorrido?, ¿Dónde leches estamos?—Dije yo indignada. Cada vez nos íbamos sumando más voces discordantes. Estaba segura que esta vez no brindaríamos con unas cervezas y sonreiríamos complacidos al final del trayecto,  como otras veces, al completar un recorrido complicado.

—No puedo más, estoy muy cansada. Me pesan mucho los pies.

—Ya queda poco, MarieC, haz un último esfuerzo y en seguida habremos llegado al final—Dijo AlexD, su pareja. A pesar del tono animoso ni el mismo se creía lo que estaba diciendo.

Los cuatro restantes no nos pronunciamos,  ni levantamos los ojos del suelo. Llevábamos más de una hora andando, la luz cada vez era más débil y todos intuíamos que algo pasaba.

—No te engañes, AlexD, ni me engañes a mí ni a los demás. Sabes perfectamente que no avanzamos. Todos sabemos que el final del túnel se va alejando cada vez más. Este maldito túnel parece una trampa. Si seguimos hacia adelante malgastaremos las pocas energías que nos quedan. ¡Me rindo!

—¿Y si regresamos?, ¡cambiemos el sentido de la marcha, probemos a ver qué sucede! ¡Esto es absurdo! — dijo HarperL abrumado

—¡JeanV, dí algo!—gritó MarieC. —De todos los aquí presentes tú eres el que tiene la cabeza mejor amueblada. ¿No se te ocurre nada esta vez?, siempre tienes un plan B para sacarnos de todos los problemas. Dinos algo, no soporto tu silencio, me da más miedo.

JeanV no dijo nada, permaneció mudo, como si las palabras de MarieC no fueran dirigidas a él. De nuevo el silencio fue lo único que sucedió por un tiempo.

—No funciona el GPS, ni los teléfonos tienen cobertura, estamos aislados dentro de una franja donde no tengo ni idea de lo que sucede—sentenció JeanV sin levantar apenas la cabeza. El miedo hundía más aún los ojos en el rostro de un hombre experimentado en contratiempos.

—¿Queréis más información?, vamos al lío ¿Nadie se ha dado cuenta de que además del evidente hecho de que no avanzamos ni hacia adelante ni hacia atrás, por mucho que andemos, y de qué no funcionan los sistemas de orientación, ni nada de nada, llevamos aquí más de cuatro horas parados y no tenemos sensación de hambre, ni tan siquiera hemos hecho el amago de beber una gota de agua? Eso sin mencionar que a pesar de la humedad que desprenden los muros mohosos, y del agua que fluye por doquier,  impregnándolo todo,  seguimos  en manga corta, tal cual entramos este mediodía.

JeanV, con su reflexión en voz alta, introdujo más incógnitas en el sistema de ecuaciones que se estaba construyendo allí dentro. Multitud de variables que no encajaban en ningún planteamiento racional y que nos derivaba hacia derroteros esotéricos alejados de lo que nosotros entendíamos como posible.

—Todo parece parado aquí dentro, lo único que no es estático es el flujo constante de agua que recala por todas partes, pero que sin embargo no nos impregna. No noto la humedad en mi piel y debería—apuntó LamarH.

—Centrémonos por un momento. Creo sinceramente que todo tiene una explicación razonable, también creo que estamos todos  aterrados y que es ese miedo el que nos está jugando malas pasadas. He visto caras de pavor en alguna que otra ruta pero no recuerdo ninguna como las de hoy —puntualizó HarperL, después de buscar con su linterna a lo largo del muro otro saliente para poder apoyarse también. Una vez localizado, a dos metros aproximadamente del que ocupaba MarieC, siguió indagando, como si persiguiera una pista o algo que hubiera despertado su interés.

—Es curioso, pero me acabo de dar cuenta de que hay exactamente seis salientes como el que ocupa MarieC, tres a un lado y tres en el lado opuesto. Ya sé que es una curiosa coincidencia, pero no me digáis que no es mucha casualidad—el tono de HarperL era más relajado e hizo que todos por un instante dejáramos a un lado la sensación de incertidumbre.

—Pues si nos estaban esperando, aquí estamos. Ocupemos nuestros asientos y veamos que nos espera—fue lo primero que se me pasó por la cabeza y que solté sin el menor reparo.

Mientras nos sentábamos noté cierta tranquilidad, una especie de calma tensa que hizo que mis miembros perdieran tensión.  Fuimos ocupando posiciones sin atender a ningún criterio, más bien por cercanía. En los salientes centrales y enfrentados se posicionaron HarperL y JeanV. El primero contaba a su izquierda con Marie C y a su derecha con AlexD ubicados en la pared derecha en dirección a la salida. Frente a MarieC, caí yo casualmente y de la misma manera, LamarH miraba directamente a los ojos a JeanV.

—Tal como estamos sentados, y si esto fuera un juego o una competición, podríamos funcionar como dos equipos independientes. No sería mala idea que nos separamos llegados a este punto—musitó JeanV, como quien piensa en voz alta.

 

—HarperL ¿qué te parece si tomamos direcciones opuestas?, tú volverás hacia la entrada con tus compañeros de asiento y yo continúo hacia la salida. El grupo que consiga salir de aquí pedirá ayuda—continuó esta vez en voz alta.

La idea gustó a todos, sin conseguir arrancar el miedo de nuestra cara.

—Propongo caminar unos mil pasos, tal vez dos mil. Si no conseguimos acercarnos a la salida, volveremos a reunirnos en el centro—concretó LamarH mientras golpeaba contra su saliente la brújula que giraba cada vez más rápido.

—Esta brújula es de juguete, se ha vuelto loca de nuevo. La próxima vez recordadme que no compre más material en Penthalon, esto es una porquería.

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