Historia de un árbol milenario.

EL ÁRBOL

Aquella noche mi abuela entró en la habitación y me susurró al oído:

-Ven conmigo y no me hagas preguntas-, con mucho sueño y sin ganas me levanté y la seguí. No imaginaba lo que tramaba, pero resultaba raro que me despertara a media noche. 

Nunca fue lo que se dice una abuela al uso. Compositora y una de las  más importantes solistas de guitarra del mundo, llevaba a sus espaldas cantidad de anécdotas y una vida de lo más interesante. Nos encantaba a todos sentarnos a su lado y escuchar las historias  que  inventaba para  mantenernos un buen rato junto a ella, nuestra Sherezada particular,  cada noche encadenaba  relatos sobre seres imaginados, nos hablaba de otros planetas, de árboles escondidos en sitios sagrados, de música, de sueños con barcos. Lo narraba de forma  que quedábamos petrificados siguiendo los gestos de su cara, el movimiento de sus manos, no  siempre parecían  invenciones.   Las anécdotas de sus conciertos y de cómo la música venía a ella nos encantaban, sin embargo, jamás la vimos tocar. 

-Abuela ¿qué  pasa?-, le dije. 

-Psss-, ven conmigo. 

La seguí hasta su habitación, ya dentro cerró de forma sigilosa la puerta. 

-Tengo que hablar contigo Héctor, me dijo con una mirada extraña que me dio miedo. 

Entonces metió la mano en su camisa y buscó en su sujetador, donde guardaba siempre su pañuelo y sacó una llave pequeña, diminuta. Se acercó a su armario, miró  en una esquina detrás de  una montaña de sábanas, levantando suavemente una pieza a modo de remiendo que escondía una cerradura e introdujo la llave. Sin apenas hacer ruido  se abrió un portón, tras él apareció una guitarra, la tomó dulcemente entre sus manos y con el mismo cariño que mostraba con nosotros la  acarició y me la mostró. 

-Tengo algo que contarte.-Lo primero que se me pasó por la cabeza era por qué mi abuela escondía esa guitarra, no lo  lograba entender, en su casa había instrumentos repartidos por doquier, había experimentado con todos  pues la música venía a ella -de forma peculiar, mágica-, decía, pero en el momento que la sostuve entre mis manos algo me sucedió. No podría aunque quisiera, describir  el tumulto de sensaciones que se apoderaron de mí. Me noté ausente, perdido entre imágenes que me resultaban  familiares, como si ya las conociera. 

-Siéntate a mi lado, – voy a contarte algo que ya conoces, te lo he relatado a trozos en partes sin orden y distorsionadas, pero ha llegado el momento de que todo esté en su sitio. 

-Abuela no entiendo nada- le dije.

Mi abuela, que en los últimos meses no se encontraba muy bien de salud, padecía pérdidas momentáneas de memoria y sentada en el sillón frente a la ventana del jardín pasaba muchas tardes con la mirada perdida. Ahora, muchos años después, entiendo por qué eligió ese momento para hablar conmigo.

-Te voy a contar un cuento muy especial, quiero que lo recuerdes siempre y que lo tengas muy presente en tu vida.

Yo asentí con la cabeza, me sentía mayor aunque tenía 7 años y más que nunca vi lo  importante que era para ella. No pudimos nunca ocultar el sentimiento de mutua admiración y  cariño que nos unía,  era  evidente  que entre nosotros existía algo más,  recordaba conversaciones silenciosas con ella,  hablábamos entre nosotros sin que nadie nos escuchara. 

Después de un instante, donde percibí que organizaba pensamientos, entendí que lo que  me pretendía contar no era fruto de su imaginación, era algo más profundo.

-Estoy preparado para lo que tengas que contarme, -afirmé convencido de lo que estaba diciendo.

Comenzó  su relato:

En un país extraño cerca de ningún sitio, había un bosque que cubría todo lo que la vista podía alcanzar y mucho más. Allí crecían árboles de todas las especies y variedades. Oculto en aquel mar verde, un ser  oraba a los pies de un inmenso ejemplar, tan enorme,  que daba miedo sólo mirarlo. El anciano  árbol  siempre estuvo allí y junto a él desde el comienzo de los tiempos,  adorándolo como si de un Dios se tratara, una tribu  de chamanes vigilaba. Eran seres cubiertos de harapos y no se adivinaba nada de su fisonomía.

Un día, empezaron a aparecer por el bosque leñadores que observaban los árboles y  realizaban marcas siguiendo criterios a veces azarosos. El bosque protegía a su ejemplar más querido, la espesura lo ocultaba, a pesar de que su tamaño hacía difícil tal empeño. Alguien lo descubrió y dio la voz de alarma, al contemplarlo no fueron capaces de pronunciar palabra, no habían visto jamás nada parecido.  No era solo el árbol lo que  impresionaba, la ubicación en algunos momentos se volvía laberíntica, se percibía una estrategia premeditada para hacer  imperceptible la presencia del monumento natural, se hacía invisible hasta  encontrarse justo delante. No tardó en llegar el momento en que estos hombres armados de sierras  y otras herramientas empezaron a talar su tronco. Muchos de ellos dudaron que fuera posible derribar un árbol de tales dimensiones, incluso hubo quien se opuso a un despropósito de esa magnitud; a pesar de ello, con mucho esfuerzo y tras varios días, se oyó un grito: 

–¡Tronco va! –,y se derrumbó  con lentitud hasta caer golpeando con gran estruendo el suelo del bosque. 

Era un árbol milenario, había estado allí quietamente miles de años, puede que millones, y en un instante desapareció sin más del lugar al que perteneció desde el inicio de los tiempos.  Fue al cortarlo cuando uno de los leñadores dijo asombrado que el ruido  al caer le recordó un quejido,  un alarido doloroso,   no fue capaz de decírselo a nadie  pero  junto con la  certeza de sentirse observado presentía que acababan de cometer una atrocidad.

Aquella noche, toda la tribu de seres extraños se congregó a su alrededor y velaron su cuerpo desde el ocaso al alba, en silencio, como si de uno de ellos se tratara. Solo se oían los suspiros dolorosos de aquellos que durante generaciones veneraron lo que amaban más que a su propia vida.  No podían intervenir en el devenir de los acontecimientos, eran meros

observadores, y se percibía rabia e infinito sufrimiento en  sus plegarias.  Fue justo antes del amanecer, apenas unos minutos antes de que llegaran los trabajadores, cuando el ser misterioso  que hacía las veces de  gran jefe,  tomó su hacha y buscó en el interior del árbol hasta topar con lo que parecía un trozo deforme de madera, lo extrajo de él y con gritos desgarrados clamó:

“VOLVERÁS AL SITIO AL QUE PERTENECES,

LA TIERRA TEMBLARÁ Y EL CIELO TORNARÁ OSCURO,

TODO EL UNIVERSO ENTONCES

SABRÁ QUIEN ERES,

ALMA ENTRE LAS ALMAS,

DIOS ENTRE LOS SERES,

Y ASÍ SERÁ, SERÁ ENTONCES,

CUANDO  EL CIELO OSCURECERÁ

Y SOPLARÁ EL VIENTO,

Y ASÍ SERÁ, SERÁ ENTONCES,

QUE A LA TIERRA VOLVERÁ, AQUELLO QUE FUE,

Y SIEMPRE SERÁ”.

El chamán le extrajo el corazón. Después, de forma silenciosa, como había transcurrido la noche, se marcharon de allí cabizbajos y llenos de un dolor que les hinchaba el alma.

Aquel ser, con las facciones irreconocibles por la pintura y cuyo cuerpo se asemejaba a cualquier cosa menos al de un ser humano, tomó el trozo de madera y llevándolo junto a su pecho lo apretó con fuerza  susurrando palabras en una lengua ancestral. Se entabló una comunicación en una dimensión desconocida, y las indicaciones sobre el destino del  fragmento fueron

transmitidas. 

Transformaron el corazón del árbol en un libro que terminó colocado en medio de una solemne ceremonia en el sagrado lugar, en ese instante, una luz cegadora brotó del centro del libro, proveniente  de las entrañas de la tierra, y se perdió en lo más profundo del universo, las hojas  comenzaron a moverse como si ráfagas de viento  las agitaran, a la vez que se escuchaban oraciones  a modo de cánticos que duraron toda la noche. El haz de luz dio forma al invisible eje que unía las profundidades de la tierra con las profundidades del cosmos, parecía apuntar hacia  un lugar concreto entre miles de estrellas.

 Al amanecer el libro ya no contenía páginas en blanco, una densa madeja de símbolos, iconos e imágenes en movimiento se agolpaban en ellas  como si tuvieran vida propia. El manuscrito en el que se convirtió contenía la historia del universo, descifraba los enigmas que atormentaban a las mentes más brillantes, los versos más bellos escritos y por escribir, las más crueles atrocidades acontecidas en el corto periodo de tiempo durante el cual el hombre se apoderó del planeta y las más bellas acciones de otros tantos hombres buenos. Ciencia, medicina, filosofía,   el volumen almacenaba también la memoria del árbol que todo lo vio y algo más…

EL LUTHIER

Quizás fue la  suerte, o puede que algo que escapa al entendimiento, lo que hizo que  aquel día pasara un luthier por el aserradero donde descansaban los tablones del árbol; un luthier que buscaba madera para nuevos instrumentos. Recibió un encargo muy especial y no debía decepcionar a su mejor cliente,  necesitaba algo distinto. 

 Había recorrido durante meses multitud de aserraderos y no había encontrado lo que buscaba, pero aquel día todo cambió, aquella madera era algo fuera de lo común: suave, tersa, de un color intenso,  tanto que se dispuso de inmediato a sacar de su mochila un palo  redondo de madera con el que comenzó a golpear  a lo largo de los tablones para hacer pruebas de resonancia. Buscó  entre  montañas de madera, golpeando cada uno de ellos escuchando su respuesta, quería localizar  los tablones más próximos al centro del árbol, por experiencia sabía que éstos eran los mejores, pero allí había demasiados, no era posible que provinieran todos de un solo ejemplar. Eligió uno que le resultó peculiar.

-No está en venta,- gritó el obrero encargado de la custodia de los tablones. 

-Márchese de aquí ahora mismo,-insistió.

El luthier, descendió despacio con su tablón en la mano, haciendo caso omiso a las palabras del guarda. Una vez abajo, metió su mano en el bolsillo y sacó una maraña de billetes, sin contarlo se lo dio.

-Nadie sabrá nada, esto es un negocio entre tú y yo.- Dicho lo cual se giró marchándose tranquilamente. 

Era una madera como pocas había visto hasta entonces, no era Palosanto, ni ébano o caoba, ni siquiera Koa, la estudió a fondo comprobando su densidad, dureza y contracción, para obtener información precisa sobre ella, lo hacía siempre antes de construir un instrumento, pero no obtuvo pistas del tipo del árbol del que procedía. Preguntó a colegas del gremio, nadie supo

decirle.

 -Quizás proceda de un árbol exótico, se dijo y no quiso dar más vueltas al asunto, centrándose en lo que realmente importaba. No dudó ni por un instante del éxito de su misión, contemplando entusiasmado el tablón veteado de forma singular. Dedicó  años y todo su talento en transformar aquel trozo de madera en algo extraordinario,   pasó noches enteras calibrando el diapasón, cortó con pericia  las ranuras de los trastes para obtener una profundidad homogénea, se encerró en su taller durante días intentando que la boca de la guitarra  estuviera a la altura de su obra, logrando una roseta digna del instrumento que pretendía construir, calculó al milímetro lo que se alarga la cuerda al pisarse, evitando que el más mínimo error diera al traste con su esfuerzo. Cuidó con mimo todos los detalles de la construcción, de sobra sabía que al final cualquier error de cálculo,  elección de la madera,  colocación de las cuerdas,  afectaría a la calidad del resultado, así que decidió que no sería la falta de esmero  causa de ello.

 La sorpresa llegó a posteriori, a pesar del esfuerzo, la  sonoridad no era lo esperado para un instrumento de esa calidad, los armónicos no sonaban bien, y esto era el menor de sus males.  Revisó todo el proceso intentando mejorar la resonancia. 

Su sueño se desvanecía y, en su desesperación por convertirla en algo único, todo se tornaba en lo contrario. No daba crédito a lo que estaba sucediendo, jamás había tenido entre sus manos una materia prima de tanta calidad y que diera peor resultado, no dejó de insistir y de lijar día y noche, alterando sus nervios y su salud. 

Daba por seguro que algo extraño sucedía y que se escapaba a sus cortos alcances.  Tenía sueños raros y llegó a suponer que la madera estaba hechizada o embrujada, no sabía decir exactamente el qué. Cuando despertaba por las mañanas murmuraba.

-¡Paparruchas!,-negándose a dar una explicación irracional a todo lo que le estaba sucediendo, ni siquiera cuando las cuerdas saltaban al intentar

afinarla. 

-¡Paparruchas!,- gruñía una y otra vez de forma huraña. Finalmente acabó colgándola en el escaparate.  

EL CUADRO

Llevaba casi cinco años en el turno de noche de la pinacoteca.  A pesar de su aspecto, rubia platino natural, casi 1.90 cm de altura y unos ojos celestes como una tarde despejada de primavera, Silvia sabía que había nacido para aquel trabajo. No se sentía débil en absoluto, había dedicado mucho tiempo a trabajar su cuerpo para convertirse en lo que hoy era, encargada de la seguridad del museo. Le encantaban las artes marciales, la defensa personal, tenía muy claro que no quería ser tratada como un florero, y que su aspecto no condicionaría su trabajo. Cuando  por las noches  el silencio más absoluto se hacía entre aquellas sobrias paredes, los cuadros parecían pertenecerle, estar expuestos solamente para ella. No fue así siempre, el arte a pesar de conmoverla no la había atrapado aún, fueron las noches interminables contemplando los cuadros los que acabaron por hacer que sus ojos fueran capaces de mirar más allá del paisaje, personajes o cualesquiera de los objetos representados. 

Su mirada parecía atravesar el lienzo y radiografiar la obra, escudriñaba cada pincelada y a veces se descubría emitiendo juicios, 

-un atrevimiento- se decía a si misma riéndose de su soberbia, 

-y todo esto sin haber cogido un pincel en mi vida, salvo la brocha de los polvos compactos ja ja ja, -reía.

La alarma sonó de repente, la pilló descolocada, las incidencias no eran normales, de hecho era la primera vez que ocurría algo así desde que comenzó su trabajo. Se puso en marcha, recorrió con su linterna de forma apresurada cada una de las salas del museo, no lo hacía de forma

desordenada, tenía un recorrido previsto para estos casos.  Todo parecía estar en orden, por el intercomunicador sus compañeros les iban informando sobre sus avances. Finalmente el coordinador certificó que había sido una falsa alarma, algo aún por determinar la había disparado,  no había nada que temer.

Respiró tranquila y aminoró la marcha, a pesar del alivio su sexto sentido parecía decirle que no se detuviera, que continuara revisando, que algo había sucedido. Avanzó por las siguientes salas despacio, todo parecía en orden, decidió volver a su puesto pero esta vez daría un rodeo, volvería atravesando los talleres de restauración y de camino revisaría el almacén. 

Apuntó con su linterna en todas direcciones, buscó alguna señal que delatara que algo estaba fuera de lugar, escudriñó todos los rincones de la enorme sala donde en estanterías aparentemente sin orden multitud de cuadros se amontonaban. No eran lo suficientemente  valiosos como para formar parte de la exposición,  no había sitio para todos.  Se acercó despacio,  nunca había estado allí antes tanto tiempo, estaba sola y tenía la excusa perfecta para permanecer un buen rato husmeando.  Curioseó, se deleitó contemplando obras que muy pocos ojos habían tenido el privilegio de disfrutar y quién sabe cuántos más aparte de los suyos  disfrutarían. 

Un suspiro delató su estremecimiento, el vello del cuerpo se le erizó,  ascendiendo por la parte posterior del cráneo un escalofrío. Respiró profundo antes de sacarlo de allí y ponerlo sobre un altillo. Buscó el interruptor de la luz, iluminó la sala alejándose  y acercándose para contemplarlo desde todos los ángulos posibles. ¿Qué es lo que la aturdía de aquella obra?, ¿de quién era y qué representaba la escena?, su cabeza no podía encajar lo que estaba

viendo. 

De repente el intercomunicador volvió a sonar y decidió dejarlo todo en

su sitio, volviendo a su puesto de trabajo. 

En los turnos  de las noches siguientes volvió a la sala, buscaba detalles que revelaran el origen, época o autor. Por las mañanas después de descansar un poco, se marchaba a la biblioteca, necesitaba saber. 

No encontró nada, pero sabía cómo empezar. Habló con sus superiores y decidió cambiar su turno de trabajo durante una temporada por las mañanas. Le dolía tener que tomar esta decisión, las noches en el museo le reportaban tranquilidad espiritual, sentía lo mismo que cuando era pequeña y desaparecía durante horas escondiéndose entre las silenciosas paredes del templo  que había en su barrio. 

En los descansos para el desayuno se acercaba a la sala de restauración, ideó un plan para entablar amistad con los restauradores y expertos del museo que no levantara sospechas sobre sus propósitos.

Así fue durante un mes que decidió prorrogar porque no  era capaz de desvelar abiertamente sus intenciones, merodeaba mostrando su interés por el trabajo de sus compañeros sin decidirse a preguntar sin más.

 Una mañana aprovechando la ausencia de la mayoría, tomó el lienzo y acercándose al único que quedaba trabajando se lo mostró y con un cierto aire de indiferencia le preguntó: 

-¿De quién es este cuadro?.

El muchacho levantó la mirada quitándose las gafas de aumento, lo miro con desgana, de soslayo, se quedó pensativo y tras un momento interminable contestó con otra pregunta.

-¿De dónde ha salido, es tuyo?.

-Silvia lo miró extrañada, parecía no tener conocimiento de la existencia

de aquella obra.

-Estaba aquí en el almacén, contesto Silvia en tono desagradable.

-No es posible, ese cuadro no lo tenemos catalogado.-contestó a su vez con cierto enfado.

-¿Estás seguro?-insistió Silvia. 

-Completamente-sentenció el chico. 

-Entonces, ¿qué hace aquí?. 

-Ni idea- afirmó despreocupado.

-¿Sabrías decirme algo sobre él?,-insistió.

Es la primera vez que veo una obra de ese tipo, no sabría decirte más. 

-Pero, ¿qué opinas, qué te parece, dame al menos tu opinión personal?

Volvió a mirar la obra de nuevo y esta vez con cierta inquietud sentenció.

-No se parece a nada de lo que tenga conocimiento, es más,  diría que no es de este mundo,- sonrió descaradamente.

Silvia reaccionó de forma tranquila, disimulando su enfado, un experto en obras de arte que  no supiera darle detalles, pensó para sus adentros,  en ese instante una idea atravesó su cabeza.

-Entonces ¿no habrá problemas si me lo llevo no?. 

-No creo que nadie lo eche de menos. 

Dicho lo cual volvió a colocarse las gafas y a retomar su trabajo.

Una vez en casa, paso toda la noche investigando la obra, recordó las palabras de su compañero y aunque le costase reconocerlo llevaba razón en sus argumentaciones. No se parecía a nada. 

En los meses sucesivos la rutina se apoderó de nuevo de su vida, decidió seguir con su turno de día, era más emocionante, además podría aprovechar para resolver algunas cuestiones.

MARÍA

La pequeña niña de 10 años miraba todos los días el cristal tras el cual  la guitarra lucía  quieta desde siempre, por lo menos que ella recordara. Junto a la guitarra, violines, violonchelos y demás instrumentos de cuerda componían lo expuesto en la  tienda llamada: “CARLOTE E HIJOS”. Sin que nadie lo supiera, aquella niña suspiraba a diario por la guitarra de sus sueños. Desde siempre sintió pasión por ese instrumento y su maestro Ricardo tenía parte de culpa en ello.

 Una tarde Carlote  quedó perplejo al contemplar  como aquella niña miraba fijamente la guitarra;  hipnotizada, no parpadeaba. Desde aquel día, estuvo pendiente de ella, admirando la forma en que pasaba las tardes pegada al escaparate, hubiera jurado que la niña conversaba con el instrumento. Se convirtió en un espectáculo para él, casi una rutina, de reojo contemplaba la delgadez de su cuerpo que la hacía parecer más pequeña de lo que realmente era, y fijaba su interés en el brillo de aquellos ojos achinados por la fuerza que las colas estiradas ejercían sobre ellos. Veía cómo de forma sutil se sentaba en el bordillo del escaparate y pegaba su diminuta nariz al cristal, entonces  se quedaba absorta, paralizada casi, mirándolo.  Tras las cortinas que daban al taller, intentaba entender la obsesión de aquella niña. Fueron pasando los meses y un día Carlote decidió intervenir y le dijo:

–¿Te gusta?

Ella ni lo escuchó, estaba paralizada. Sorprendentemente continuó diciendo:

–Te la regalo, es tuya. –Se sintió mejor pensando que acababa de hacer una buena acción, en definitiva la guitarra era un trasto que le había ocasionado muchos quebraderos de cabeza y sería muy difícil venderla. Se preguntaba a qué músico le podría ofrecer una guitarra empeñada en desafinar y cuyas cuerdas se rompían  tan fácil.

María no  podía creer lo que le estaba pasando, la tomó  contra su pechó y agarrándose al cuello de Carlote lo besó  y le dijo:

– ¡Gracias!

Por un momento sintió que la guitarra estaba en las manos correctas, es como si todo encajara y hubiera un motivo para todo. De pronto le dijo:

-Cuídala mucho tiene carácter, es una guitarra rebelde, he dedicado muchos años de mi vida a ella. Es tozuda como una mula vieja, te lo digo yo que la conozco bien. -Hablaba de ella como si fuera su novia o su mujer, una mujer con la que no se llevaba bien pero a la que adoraba.  El primer día que vio a la niña  junto al escaparate comprendió que debía dejarla marchar, que su parte en esa historia había concluido,-todo fluye-se dijo.

–Seguro que sabrás hacerla sonar –No era capaz de explicar por qué, pero  sentía que ella podría conseguirlo, se sintió feliz y contrariado al mismo tiempo, dejaba marchar lo que iba a ser su jubilación y el viaje de sus sueños.

Lo que sintió cuando la tuvo por primera vez en sus manos no lo olvidaría jamás mientras viviera, ni la infinidad de sensaciones que percibió.   No tardó mucho tiempo en descubrir que las notas que brotaban de la guitarra tenían algo más que decir. 

Empezó a practicar y descubrió que tenía un don que desconocía para la música, o ¿quizás fuera otra cosa?, lo cierto es que las notas venían directamente a su cabeza sin saber muy bien por qué, y sus dedos algo torpes al principio, se mostraron muy ágiles en poco tiempo. Cuando tocaba se relajaba de manera que la música que su cabeza percibía pasaba directamente a sus dedos,  intérpretes involuntarios de melodías en ocasiones  melancólicas. No era dueña de sus sentidos, el instrumento la inducía a un estado de semiinconsciencia  donde la música se fundía con visiones extrañas que no llegaba a entender pero que se convirtieron en cotidianas a fuerza de repetirse en su cabeza.  Veía un barco nuevo, enorme y muy lujoso abandonado en un muelle abarrotado de barcos oxidados, otras veces eran parajes exóticos  donde la naturaleza configuraba formas caprichosas y los árboles lo cubrían todo, veía siluetas de niños parecían un grupo pero no sabía qué significado dar a todo

ello.

 El don se hizo cada vez más evidente, era imposible ocultar las destrezas a la guitarra de aquella niña, capaz de interpretar cualquier  partitura por compleja que fuera  a la perfección. Empezó a destacar y fue su maestro quien decidió que debía mostrar su talento.

-María no lo entiendes pero esto no es algo que debas ocultar y acaparar para ti sola. – dijo Ricardo de forma pausada, lo había reflexionado largo tiempo antes de lanzarse a hablar con ella.

-Pero Ricardo yo no quiero tocar para nadie, me siento feliz cuando estoy a solas y…-calló de forma repentina.

-¿Y qué María?, continúa di lo que tengas que decir. 

-No tengo nada más que decir. -sentenció.

Ricardo sabía perfectamente que tras su silencio se escondía algo más, pero no se atrevía a seguir indagando. 

-María no lo entiendes pero tu música es diferente, no he escuchado nunca nada parecido, y te aseguro que toda mi vida he estado dedicado por entero a ella. No debes de ocultar tu talento, y lo más importante, debes compartir tu música, es algo excepcional y hará   bien a mucha gente lo presiento. 

Se quedó en silencio, meditando qué decir,  para ella eran momentos muy íntimos,  la magia que surgía al tocar la hacía evadirse de la realidad, como si se desplazara a otra dimensión.

-Te voy a hacer caso,-adoraba a su maestro y sabía que podía confiar en él ciegamente.

 – Sé que llevas razón, yo también soy consciente  pero…-volvió a callar. 

-No hables más si no quieres, lo entenderé- la conocía desde pequeñita y sabía perfectamente que ese cambio  en su forma de tocar era repentino,  le prestaba su guitarra para las clases de música  y desde el día que apareció por la puerta  con su curioso regalo la vida de ambos se vio envuelta en una serie de cambios inesperados.

Los rumores acerca de su música se empezaron a extender y los teatros se abarrotaban para escuchar a la niña prodigio de la guitarra. La fluidez y calidad con  la que componía  mantenía fascinados  a  maestros de todos los lugares que acudían a estudiar  a la niña por si había algún tipo de engaño. Después de meses de seguimiento no pudieron más que rendirse al virtuosismo de la pequeña. Los sonidos de la guitarra evidenciaban que la música tenía poder en sí,  tenía la capacidad de hacer vibrar los tejidos más profundos, alteraba estados de ánimo y era de una enorme belleza, incluso hubo quien se aventuró a afirmar que esa música podría sanar enfermos. 

-Dime la verdad María, le preguntaba una y otra vez Ricardo,¿ Cómo lo haces ?,  -pero ella siempre lo miraba y se limitaba a encogerse de hombros.

La observaba detenidamente por si atisbaba algo pero después de un rato y casi desesperado se volvía a casa sin la respuesta, la música brotaba de sus dedos a borbotones.

Carlote también se hizo eco de sus éxitos, de incógnito presenciaba sus actuaciones  y aunque orgulloso al principio por sentirse partícipe, empezó a mascullar en su cabeza ideas sobre cómo beneficiarse de ello. Si no hubiera sido por su intervención ella jamás habría llegado tan alto. Esa guitarra era obra suya, él encontró la madera y él malgastó su salud en construirla, los largos años dedicados a ella lo habían marchitado físicamente y como pago no tenía nada, perdió un gran cliente y su fama se vio afectada tras el descalabro con la guitarra. Merecía parte de beneficio, lo exigiría.

COSQUILLAS

Aquella mañana fue la primera vez que lo vio sentado y perdido. Era un chico espectacular, con unos inmensos ojos redondos como sus labios. No pudo apartar la vista de él, era muy guapo. Le hubiera encantado acercarse y preguntarle algo, pero su timidez le impedía hacer ese tipo de cosas. Un cosquilleo desconocido le recorría el estómago de un lado a otro. Él ni la vio. 

Estuvo toda la noche recordando ese dulce momento, olvidó el cuadro, no podía dejar de pensar en él. Lamentó profundamente  no haberse acercado siquiera, quizás no volvería a verlo en su vida y esto la entristeció. 

De nuevo apareció al día siguiente, esta  vez en otra sala, parecía perdido, miraba los cuadros como si buscara algo en ellos. No pudo frenarse, se acercó a él colocándose antes su larga melena dorada,  sonriente le preguntó:

-¿Necesitas ayuda, parece que buscas algo. – Sin mirarla contestó de forma nerviosa y apresurada.

-No, solo estoy pasando el rato. 

Silvia se sintió decepcionada, se giró para marcharse, cuando le tocaron el hombro.

-Disculpa, solo estaba mirando un poco, gracias por tu interés.-Y una dulce sonrisa se dibujó en su cara, no fue capaz de mantenerle la mirada.

EL BARCO

Los tablones de madera fueron a parar a un astillero donde  el encargo de un  magnate había desencadenado la tragedia del árbol. El señor Ferrer se dirigió a su junta general y con voz fuerte y poderosa sentenció:

-¡No importa lo que cueste, no importa el tiempo, no importa nada, quiero mi barco y lo voy a tener!,-dijo mientras señalaba  la pantalla donde se proyectaban los planos de un barco de grandes dimensiones  construido íntegramente de madera, que mostraban la ambición desmesurada de un hombre acostumbrado a hacer su  voluntad y a salirse con la suya. El dinero era su mejor aliado y podía comprar con él conciencias, impedimentos, y todo cuánto se propusiera. Nadie supo explicarle ni hacerle entender que lo que pretendía era prácticamente imposible, así que no quedó más remedio que buscar o inventar el árbol. Fueron desplazados por todo el planeta especialistas y no hubo selva virgen ni bosque por más oculto que estuviera que no fuera revisado. Al final, tras varios años, el trabajo dio su fruto. Localizar el árbol fue complicado pero más aún lo  fue la construcción, el diseño era complejo, los requisitos exigidos por Ferrer no eran fáciles de satisfacer. Un barco con un diseño innovador pero basado en embarcaciones históricas  de grandes dimensiones y con todo lujo de detalles, construido íntegramente con la madera de un único árbol  todo un desafío. Soñaba construirse un buque  digno de un rey a semejanza del “soberano de los mares”, del que su padre, aficionado al modelismo naval, siempre le hablaba.

-Es el mejor y más lujoso barco jamás construido, -le repetía una y otra vez su padre mientras que con pericia y tesón de un cirujano colocaba el enésimo cañón de la maqueta. -Fue ordenado construir por Carlos I de Inglaterra, en  1634, desde entonces no se ha logrado construir nada parecido

hijo.

-Yo lo construiré en tu memoria, padre-se decía,-pero será un barco de recreo donde descansar y divertirme, allí haré mis mejores negocios.

Sus deseos fueron cumplidos y el barco se construyó tal cual Ferrer lo había imaginado, no fue a verlo hasta que no terminó su construcción el día previo a su botadura, detestaba el polvo y el ruido de los astilleros, no quería explicaciones sólo resultados. El calor apretaba y eran ya casi las tres de la tarde cuando subió a bordo, al alcanzar la cubierta quedó boquiabierto y se sintió exultante, aquello excedía a su imaginación era más bonito aún de lo que había soñado y un grito inesperado brotó de su interior.

-¡Maravilloso!-un vahído hizo que  cayera al suelo desmayado, lo levantaron rápido y todo quedó en un susto.  

Al día siguiente, se celebró una gran  fiesta para botarlo,  no faltaron ricos manjares, vinos y licores para la ocasión. Todos los asistentes quedaron perplejos al ver aquella maravilla de la ingeniería naval, el orgullo de su dueño. Tal y como había ordenado, le habían construido un barco único para alguien que se sentía único.  El resultado estaba a la vista de todos los presentes aquel día, simplemente no tenía igual. 

Se paseó de corrillo en corrillo alardeando ante sus colegas y despertando la envidia de muchos de los presentes. Ferrer era un gran empresario admirado a la vez que odiado. Tenía negocios por todo el planeta y sus multinacionales de la alimentación hacían subir y bajar el precio de los cereales a su antojo. Cuando era más joven no tenía el menor escrúpulo en las repercusiones que sus decisiones podían ocasionar, ahora, ya pasados los 60, algunas noches tenía dificultad para alcanzar el sueño. 

Nadie pudo predecir lo que finalmente sucedió, cuando daba a su término la velada, alguien de la tripulación gritó alarmado y tuvieron que desalojar el barco rápidamente, hacía aguas. No sabían cómo ni por qué, pero el agua del mar se filtraba por todos lados, era imposible localizar el origen. En los camarotes inferiores se  acumulaban grandes cantidades y se llegó a pensar que se hundiría allí mismo. No fue así. 

Lo que sí se hundió fue el orgullo de quien lo mandó construir y flotaron la  rabia y el desprecio  hacia el barco que se convirtió en su vergüenza pública.  Llevado por la ira, mandó revisar el buque e invirtió importantes sumas de dinero en repararlo;  nada daba resultado.

-¡He malgastado una fortuna en un barco que hace aguas. He esperado una eternidad,  por un árbol que supuestamente no existía y otra por un barco que supuestamente era imposible construir!. ¡Los mejores ingenieros, claro está, para esto!, -golpeó con el puño cerrado el cristal de la mesa haciéndolo añicos delante de todos.- Y todavía os atrevéis a decirme que no es posible repararlo, solo falta  que me contéis que ese barco está hechizado, y soltó una carcajada terrorífica que encogió los estómagos de todos los allí presentes. 

-¡No existe el no para mí, me oís, no existe el no para mí!. Quedáis todos despedidos fuera de aquí-y mandó reclutar personal nuevo y todo volvió a comenzar. 

Pasaron años sin que pudieran dar solución al problema. Cuando lo consiguieron, al adentrarse mar adentro para probar la embarcación, sin saber cómo ni por qué, el barco parecía no querer navegar, la nave se “negaba” a ir mar adentro. El aburrimiento hizo mella en todos, una especie de desgana se empezó a  colar en el ambiente y terminó por desmotivar a todo el que estaba implicado directa o indirectamente en el proyecto. Lo dieron por imposible y terminaron por abandonarlo en un  cementerio de barcos.

La vida de Ferrer también dio un giro. Acabó arruinado, la suerte dejó de acompañarlo en los negocios y todos los que habitualmente lo ensalzaban y cubrían de gloria dejaron de prestarle atención. Recurrió a sus contactos para intentar recuperar su fortuna, desesperado suplicó  a todos cuántos había enriquecido  con sus artimañas  pero nadie acudió en su ayuda. Estuvo un tiempo deambulando solo por la ciudad, perdido y desesperado, él era Ferrer, no merecía esto, se decía una y otra vez. Durante uno de sus paseos sin rumbo, vino a su mente  un recuerdo que  quedó  guardado en algún rincón de su cabeza, recordó el desmayo que sufrió la primera vez que subió a bordo del soberano de los mares. En  los escasos segundos que duró  pudo verse en un escenario distinto en el que hasta ahora se había desarrollado su vida. Desde ese instante, la posibilidad de que esa visión fuera más una premonición que un desvarío se apoderó de él, no dejaba de darle vueltas a la cabeza.

LA PANDILLA 

Habían quedado sobre las 5 para jugar un rato al fútbol y pasar la tarde como solían hacer a diario. Cuando terminó el partido, Alejandro, dijo con voz rotunda:

-¿Qué, a dónde vamos ahora?.

-El más alto con pelo rubio acaracolado se quejó- yo tengo que marcharme a casa, tengo que estudiar. Una risotada  se escuchó de repente.

-Vamos David que todos los días nos cuentas la misma historia,-dijo

Alejandro. La única chica del grupo murmuró de manera soterrada:

-Mi padre ha comentado en la comida que en el muelle 13 hay un barco nuevo para el desguace. Dice que es impresionante y que los marineros rumorean que está embrujado. Podríamos acercarnos y echar un vistazo. ¿Qué os parece?.

Volvieron a sonar las carcajadas de nuevo y Alejandro volvió a intervenir de forma socarrona:

-¿Qué es un barco fantasma o un galeón pirata,  Fuen? No es tu padre mayorcito para esas tonterías, -volvió a reír.

-Yo no lo veo ninguna tontería Alejandro, dijo Joaquín, aficionado a las aventuras  de Sherlock Holmes.

 -Podríamos acercarnos y mirar un poco ¿cuál es el problema? Estoy cansado de hacer siempre lo mismo.

-Yo voy aunque sea solo.- ¿Alguien se anima? , intentó convencerlos.

-Paso, dijo Alejandro enfadado,  se consideraba el líder y no le gustaba que nadie propusiera ideas aparte de las suyas. Los demás lo siguieron.

-¿Pero quién es el loco que ha traído hasta aquí este barco,  si está nuevo?, gritó Guillermo el más pequeño y avispado de todos. -Se miraron con cara de asombro,  dudando si subir o no.

-Vamos a subir,- dejó caer Fuen,-para eso hemos venido ¿no?.

-¿Tú estás loca o qué?, -advirtió  Guillermo. Si este barco tan impresionante está aquí es por algo, yo empiezo a creer lo que los marineros comentan. No habéis observado que ni los rateros se han atrevido a desvalijarlo, y seguro que hay cosas de valor ahí dentro. ¿No os dais cuenta de que algo sucede?

-Joaquín ratificó a su hermano asintiendo con la cabeza.

Fue Javier, el más tímido y retraído del grupo el que se adelantó y sin mediar palabra se introdujo en la nave. No intentaba demostrar que tenía agallas, simplemente no pensó. Los demás lo siguieron.

 -No puedo creer que los “amos del cortijo” hayan dado de lado a estoasí es  como llamaban a una pandilla de jóvenes delincuentes relacionados con las mafias de la droga y asuntos turbios varios que dominaban la zona.

 -Si llegan a enterarse de lo que hay dentro lo desvalijan antes de contar diez. 

-Vámonos ya  de aquí,-gritó Alejandro, que al final se decidió a acompañarlos.-esto no me gusta nada. 

-¡Cagueta!, le dijo Guillermo,-¡ estás muerto de miedo. !

-Ven aquí pedazo de…-su hermano Joaquín se interpuso delante y Alejandro se paró en seco. Si algo tenía Joaquín es que era un armario de cuatro puertas,  fuerte y casi tan ancho como alto.

Fuen tomó la iniciativa y dirigiéndose a todos planteó:

 -Tenemos dos opciones,   vamos todos juntos y echamos un vistazo en

grupo o nos dividimos, vosotros diréis- y dejó abierto el asunto a votaciones. En el fondo la curiosidad les podía, a pesar de que las piernas a más de uno les temblaban de forma descontrolada. Ganó la primera  de forma abrumadora, de todas formas ya no les quedaba mucho tiempo pues la tarde daba a su fin y tendrían que marcharse pronto, decidieron hacer un breve recorrido y al día siguiente se suspendía el partido de fútbol.

Cuando abandonaron el barco no podían creer  lo que habían visto, la ostentación estaba presente en todos los rincones y en todos los detalles, era una obra de arte flotante, ¿qué habría pasado para que estuviera allí, quién  y por qué eran las preguntas que rondaban en sus cabezas. ?

 Al día siguiente, no habían terminado casi de almorzar cuando los hermanos se levantaron al unísono de la mesa dejando boquiabiertos a sus padres.

-Nos vamos hemos quedado con unas chicas, -dijo Guillermo, con su habitual facilidad para inventar excusas, y sin mediar palabra salieron por la puerta. Sus padres se miraron atónitos y rompieron a reír.

Puntuales a su cita  y con provisiones como habían acordado al despedirse,  se dispusieron a  investigar todo lo que diera de si esa interesante tarde. Javier tomó esta vez el mando del grupo, solía aceptar  las decisiones de Alejandro sin más pero en esta historia no estaba dispuesto a dejarse llevar, había que hacerlo bien desde el principio o estarían perdiendo el tiempo, así que se dirigió a ellos y con voz rotunda y decidida dijo:

-Aquí pasa algo raro, eso ya lo sabemos, y si queremos desentrañar parte de este misterio deberemos darnos prisa porque estoy seguro que en cuanto los amos del cortijo pierdan el miedo y  se decidan de una vez a entrar nos quedaremos fuera. Hay una diferencia entre ellos y nosotros: Ellos buscan un botín y nosotros queremos saber qué misterio se oculta tras estas maderas. Para que esto funcione necesitamos un buen plan, sentido común, y algo me dice que buenas dosis de intuición. Creo que deberíamos empezar de desde abajo hacia arriba, revisando bodegas, cocinas, camarotes, etc y terminar por la cubierta, en algún lugar tiene que estar la pista que haga luz en todo esto. 

-Lo importante son los detalles no lo olvidéis- continuó Joaquín, anotad en los cuadernos cualquier cosa que os llame la atención para eso los hemos

traído. 

Javier volvió a retomar la palabra,

 -Haremos grupos pequeños para agilizar la exploración, al final de la tarde nos reuniremos para hacer una puesta en común de lo que llevemos anotado.  Joaquín y su hermano Guillermo irán juntos y se encargarán de cocinas, bodegas, y los camarotes de la tripulación.  Alejandro  y Fuen los camarotes de los invitados, David y yo revisaremos el teatro, sala de fiestas, comedores y gimnasios.  Nos encontraremos aquí dentro de dos horas. Perdieron la noción del tiempo dentro del barco, cuando por fin se vieron habían pasado dos días.

-Tenemos todos las libretas preparadas-dijo Javier que se había convertido en portavoz del grupo-pues entonces comencemos. Ninguno de ellos era consciente del tiempo transcurrido, cuando se disponían a explicar los resultados de sus investigaciones, de pronto el ruido de un disparo se hizo tras

ellos. 

La pandilla de jóvenes delincuentes llevaba días escondida en el muelle, esperando a ver si alguien se animaba a entrar y servía de conejillo de indias. 

Eran muy valientes cuando se trataba de empuñar un arma o de enfrentarse a delincuentes de medio pelo como ellos, en esos ambientes se sentían muy cómodos, pero ese barco llevaba colgada una leyenda y eso eran palabras mayores, ese miedo si que los podía, así que decidieron esperar a ver qué sucedía con los críos. Cuando comprobaron que no tenían nada que temer se animaron a   reclamar el botín como suyo. Se intuía interesante, la venta de la madera les reportaría una buena suma, sin hablar de todo lo que se adivinaba contenía, según los rumores que habían llegado hasta ellos, estaba tal cual lo habían construido, nadie se atrevió a robar el más mínimo detalle. En este caso el miedo se había convertido en su aliado,  solo tenían que verificar que no pasa nada extraño, que solo eran rumores y a partir de ahí desvalijarlo y hacerse ricos.

-No os imagináis cuánto me alegro de veros a todos sanos y salvos, sentenció el cabecilla de la banda al que todos llamaban Franki,-llevaba varias semanas esperando a que alguien se armara de valor para hacer lo que vosotros habéis hecho. Por lo visto aquí no sucede nada de nada y todas esas patrañas sobre el barco eran mentira, tal como suponía, pero no estaba de  más comprobarlo y vosotros lo habéis hecho por mí.

-¡Déjanos marchar! Franki!- dijo David con voz segura y tranquila. Fueron juntos al colegio, hasta que cumplió 8 años y desapareció de la clase para siempre. De aquellos momentos  no guardaba gratos recuerdos. Era el típico niño con la mano suelta y con mucha facilidad para sacarla a paseo y golpear a todos cuántos podía. Más de una vez fue expulsado del cole por su mala costumbre. 

-Ja ja ja ja, ricitos de oro, eso habrá que negociarlo,-y dicho esto hizo

gestos con las manos para que los llevasen al comedor y allí los atasen a todos a la espera de nuevas órdenes. Tenía que pensar qué hacer con ellos, hubiera podido dejarlos marchar y acto seguido hacerse con el barco, pero la idea de poder hacer negocios con los niños, le rondaba la cabeza. 

-El barco se mueve-dijo Fuen que empezó a percibir los suaves vibraciones del barco. Se miraron atemorizados, sabían que  sería muy difícil que los encontraran, las conexiones de los amos del cortijo se extendían más allá de la ciudad y no solo era droga la mercancía con la que se lucraban. A pesar de no sobrepasar la mayoría de ellos los 17 años, no tenían escrúpulos a la hora de comerciar con lo que fuera.

Franki levó anclas, pretendía llevarse el barco de allí para poder desvalijarlo tranquilamente, sus contactos le ofrecieron un atraque seguro donde poder trabajar a cambio de parte del botín. Lo que no sabía ni Franki ni su pandilla era que el barco estaba en el cementerio porque no había sido posible conseguir que navegara, cuando no hacía aguas, presentaba de forma repentina cualquier otro problema que comprometía la seguridad para la navegación.

En todo momento el barco se dejó maniobrar. La travesía era de lo más confortable. Franki estaba perplejo, él y su grupo de amigos se sentían como millonarios improvisados disfrutando de los placeres que les proporcionaba ese inesperado viaje. En su cabeza mascullaba lo que haría con tanto dinero, tenía que venderlo despiezado, aunque en el fondo le dolía no poder disfrutar más de los gozos que el barco le ofrecía, pero era muy grande y muy llamativo para quedárselo por las buenas, el verdadero dueño podría reclamarlo. Lo que no tenía muy claro era el destino que daría a los críos, la chica podía venderla fácilmente  en cambio con los muchachos sería más complicado. Lo pensaría tranquilamente, en última instancia si se complicaba la cosa, podría optar por tirarlos por la borda y problema resuelto, pero no entraba en sus planes tirar el dinero.

Estaban atemorizados elucubrando sobre lo que harían con ellos, todos sabían que Franki no tenía escrúpulos, la fama que le precedía no era gratuita.

-Nos acabarán matando-dijo David,-la crueldad de Franki no tiene límites, lo he visto cometer auténticas barbaridades que no os voy a contar ahora, y estoy hablando de su tierna infancia, ahora ya no tiene miedo a nada ni a nadie…,-y se calló de repente quedándose pensativo como si alguna rara idea rondara su cabeza. 

-Qué piensas David,-lo interrumpió Alejandro,-no es el momento de callarse, habla di lo que estés pensando, no nos dejes así.

Estaban tan asustados que ni se atrevían a contar lo que se les pasaba por la cabeza, historias espeluznantes,  la muerte ya no se les hacía tan lejana como hasta ahora. Guillermo, a pesar de su corta edad tenía una especie de sexto sentido que lo hacía percibir y analizar los detalles que a los demás pasaban desapercibidos. 

-Vamos a negociar y a jugar a un juego que se me acaba de ocurrir. ¿Alguien ha leído la isla del tesoro?,-nadie contestó, -pues yo sí, solo tenéis que seguirme la corriente. Nadie le hizo caso pero tampoco tenían idea alguna  que pudiera ayudarles a salir de allí, así que no quedó  más remedio que obedecerle.

 Durante su expedición por las bodegas, en una de ellas  tras unas cajas observó cómo los tablones de madera tenían talladas unas marcas. Al principio pensó que se debían a los rozamientos de las cajas, parecían arañazos como los que su madre odiaba en los muebles y que él con sus coches de juguete estaba encantado de hacer, hasta que veía  la alpargata de su madre volar hacia su cabeza. Cuando se acercó más, contempló como los arañazos no eran simples rasguños hechos al azar por la colocación de la carga, dibujaban el mapa de algún lugar, parecía una isla. Se entretuvo y con mucho detalle plasmó el mapa en su libreta,    todo esto le recordaba mucho a las aventuras de  Jim Hawkins en la isla de tesoro. 

Franki apareció de repente gritando,-¡mañana llegaremos a puerto, el viaje se acaba!

-Se lo que pretendes-comentó Guillermo-,quieres vender el barco y todo lo que contiene, o quizás deseas hacer negocio con la madera,  buscas dinero, lo que no tengo claro es lo que quieres de nosotros, ¿por qué no nos has dejado en tierra?, ahora somos un problema para ti. Una carcajada siniestra retumbó en el comedor haciendo palidecer a los críos.

-Tus piratas no son capaces de ver más allá de sus narices Franki, pero yo tengo algo que ofrecerte. Todos sabemos que este barco no es un barco normal, aunque  quieras negarlo, sabes que hay algo más tras estas lujosas maderas. Yo he descubierto algo que puede hacerte más rico de lo que tú imaginas, cientos de veces más rico de lo que la venta de este barco junto con nosotros te reportaría, solo tienes que escucharme.

A Franki le asombró la tranquilidad con la que el crío se dirigió a él, estaba sereno y muy seguro de lo que estaba diciendo, no tenía miedo y no parecía que se inventara nada, pero tampoco podía descartar del todo que se tratara de un órdago, así que decidió seguirle la corriente hasta conocer de lo que era capaz.

-Te propongo un trato: nuestra libertad a cambio de un tesoro. Franki volvió a soltar una carcajada que hizo que todos sus hombres acudieran asustados.

-Aprovecho que tus hombres están presentes para que me des tu palabra, en caso de no cumplirla, todos ellos sabrán que no eres legal y ya no se fiaran de ti.

-¡Empieza de una puñetera vez!- gritó Franki enfadado, no soportaba  que un mocoso le pusiera entre la espada y la pared y menos delante de sus hombres.

Guillermo mostró el mapa que había sacado del muro de madera de la bodega y le insinuó que lo que indicaba ese mapa era una isla que escondía algo que podría ser un tesoro. Lo cierto era que el dibujo parecía convincente y reconocible. Bajó junto con sus hombres a la bodega y pudo comprobar que lo que el crío decía era cierto. La duda se apoderó de él y no pudo dormir en toda la noche, al día siguiente tomó la decisión de hacer caso del crío, no tenía nada que perder y podía retrasar unos cuantos días sus planes iniciales. 

Guillermo fue más allá y convenció a Franki para que los soltara, no podían escapar del barco y tal como habían demostrado eran mucho más perspicaces que todos sus hombres juntos. Las pistas del mapa indicaban una recóndita isla perdida en una zona conocida por la multitud de barcos siniestrados, perdidos o hundidos sin dejar supervivientes, esto hizo palidecer a Franki y al resto de la tripulación, pero su avaricia lo hacía sobreponerse al miedo. En un par de días podría convertirse en uno de los delincuentes más poderosos del planeta si tal como el mapa indicaba un tesoro se escondía entre la maleza de esa misteriosa isla. No quedó nadie en el barco, lo dejaron fondeado lejos de la playa. Todos querían ver con sus propios ojos el oro y las joyas preciosas que se ocultaban no lejos de allí. El mapa era rico en detalles, así que no les costó mucho trabajo seguir las indicaciones, nadie dudó ni un instante que el dibujo de Guillermo no fuera  real o que fuera el resultado del aburrimiento de algún carpintero, lo dieron por cierto desde el primer momento. Tras varios días perdidos por senderos escabrosos Franki empezó a desesperar, no estaba seguro de que allí se escondiera tesoro alguno y lo que desde un principio temió en lo más profundo de su cabeza se estaba cumpliendo, el crío lo había engañado para ganar tiempo. 

-Tenía que intentarlo, no podía quedarme con la duda-se decía a sí mismo para justificar tal locura, a la vez que el sentimiento de odio hacia los niños se incrementaba por momentos, -lo vas a pagar con creces-mascullaba.

Llegaron a un punto en el que era imposible seguir, el mapa indicaba un sendero que no existía, y los secuaces de Franki cansados y hambrientos empezaban a dar muestras de rebeldía, cuestionándolo. Se sintió en la necesidad de hacerse fuerte ante sus hombres y tomando a Guillermo por el brazo lo llevó junto a él y poniéndole un cuchillo en la garganta gritó :

-¡Esto es lo que le sucede a los listillos que piensan que pueden engañar a todo el mundo porque sienten que son los más astutos!-dicho lo cual, llevado por la ira se dispuso a dar ejemplo a todos a través del pequeño, levantó su mano para ejecutar su malvado plan cuando una especie de garra parecida a una mano lo sujetó por atrás. Cuando  la extraña mano se posó sobre Franki, calló de rodillas al suelo, cerró los ojos comenzando a temblar y a gritar como si un dolor indescriptible le atravesara tanto el cuerpo como el alma. En ese instante sintió en su ser todo el dolor causado a todas y cada una de las personas que a lo largo de su vida había dañado. Pudo verse en el cuerpo débil del primer niño al que pateó sin misericordia, recibió sus propias patadas pudiendo notar su desprecio. Vivió en primera persona el dolor de sus víctimas en su propia piel.  Los demás miraban impresionados como sufría, las muecas de dolor transformaron de forma fugaz su joven rostro en el de un anciano decrépito. Uno a uno sus hombres fueron sintiendo lo mismo al ser sujetos por las extremidades de unos seres camuflados con extrañas vestimentas. Los quejidos llenaron el cielo de nubes grises y los niños aterrados por lo que estaba sucediendo empezaron a temblar de miedo, temían que les hicieran daño a ellos también, esperaban su momento. Franki de rodillas aún, dejó de gritar y de gemir de dolor rompiendo  a llorar. Lloraba desconsolado, como si nada pudiera confortarlo, apenas podía ponerse de pie. 

-Perdón,-acertó a decir- lo siento, lo siento mucho, como he podido, perdón, -repetía una y otra vez, encerrado en un bucle que parecía no tener fin. Sus hombres se unieron a él en sus disculpas convirtiéndose éstas en una plegaria que rebotaba en las nubes grises y volvía a la tierra en forma de lluvia refrescante y calma. El agua limpió el ambiente y el chamán oculto tras sus harapos, se acercó a los niños.

-No debéis tener miedo alguno, nosotros no hacemos daño.- y dicho esto los invitó a acompañarlos. Se tomaron de la mano y siguiendo las indicaciones de aquel ser transitaron por caminos que parecían dar vueltas en círculo cuando no retrocedían para volver a comenzar en un punto que se antojaba parecido al del inicio. Reconocieron el lugar al que se dirigían porque hasta el aire que respiraban se tornó distinto, más fresco y limpio del que jamás habían respirado y el olor a naturaleza salvaje, virgen, les impregnó hasta lo más hondo de su ser. Se miraron atónitos. Fueron invitados a compartir  un poco de fruta fresca, algo de   verdura  junto con una especie de jugo de frutos salvajes muy refrescante, sentados en torno a un altar de madera de enormes dimensiones sobre el cual un libro expuesto en un atril reposaba cerrado. Franki había dejado de llorar como si hubiera expiado y cumplido penitencia por sus atrocidades al pedir perdón, su rostro se había relajado mostrando una dulce serenidad por primera vez en su vida.

-Debo pediros algo,- y dicho esto, el chamán relató con calma a los niños una historia extraña que parecía totalmente irreal. Ellos escucharon atentamente sin perder detalle, asintiendo de vez en cuando, mostrando conformidad con lo que se les pedía. A continuación, el gran jefe, se acercó al altar y levantó de forma solemne la tapa del libro, hizo un gesto con las manos para que los críos se acercaran, lo que contemplaron les  dibujó una mueca inquietante en el rostro, algo había cambiado en ellos tras esta visión. Terminaron  dormidos sobre grandes hojas en el suelo. Al despertar sin saber cómo ni de qué manera se encontraban de nuevo en el barco atracado en el muelle trece y el tiempo parecía no haber transcurrido de nuevo. De lo que no había quedado ni rastro era de Franki ni de sus secuaces. Se miraron sin poder dar explicación alguna a lo que acaba de suceder, regresaron a sus casas y a excepción de la historia del chamán que quedó grabada en su cabeza todo lo demás cayó en el olvido.

ENCUENTRO

Por fin lo encontró, habían pasado muchos años desde la última vez que estuvo dentro. Cerró los ojos respirando profundamente,  un leve cosquilleo le acarició la mejilla, sin embargo no había nadie, -es ella,-se dijo y  sonrió. Si algo   había aprendido de su padre era que siempre hay que intentar resolver los problemas con todas las fuerzas y que eso requería sacrificio y constancia, había que intentarlo todas las veces que fuera necesario sin rendirse, y eso fue lo que le llevó hasta él. Desde que nació,  había acompañado a su padre a su trabajo en los astilleros. Aún sin saber hablar, le explicaba todo lo que veía y cómo funcionaban las cosas; tener un padre apasionado del mar y de los barcos fue fundamental en su vida. Ya dentro, respiró de forma pausada  y dijo: 

–Ya eres mío. –Ese barco lo entusiasmaba, lo conocía al dedillo, cada rincón, cada esquina, había jugado en él miles de veces desde que empezó su construcción  lo podía recorrer con los ojos cerrados.  No había nada que le gustase más en este mundo que disfrazarse de pirata  y escalar al palo mayor, desde allí y con su catalejo otear el horizonte en busca de posibles enemigos. Tenía la sensación de que aquel barco era diferente a otros que había visto construir, era como si el barco estuviera vivo  por las noches soñaba con navegar con él, ser su capitán. Adoraba aquella embarcación y no estaba dispuesto a perderla de vista así como así, se pasó indagando sobre su paradero muchos años pero parecía que todo se volvía en su contra. Guardaba muy gratos recuerdos de aquella época de su vida, cuando no andaba jugando  subiendo y bajando de un mástil, se sentaba a observar a los obreros durante horas, no solo observaba sino que además escuchaba sus comentarios acerca de las decisiones para ellos acertadas o no de los ingenieros, participaba incluso aportando ideas, a lo cual ellos respondían a veces con sonoras carcajadas y otras se miraban en silencio sorprendidos con las explicaciones del pequeño. Escuchaba,  disfrutaba aprendiendo, curioseando, se convirtió en aprendiz de muchos oficios y al final de la construcción del barco hubiera podido desempeñar cualquiera de ellos con maestría. Era su barco, lo adoraba, era su juguete, su vida. Su madre murió durante su parto y su padre trabajaba como constructor de navíos o marinero, dependiendo de dónde encontrara trabajo o de sus necesidades económicas. El nacimiento de su hijo hizo que se propusiera mantenerse un largo periodo de tiempo en tierra para escolarizarlo y así procurarle una mínima formación. Muchas  noches,  las pasaba en el barco donde hacía horas extras  para poder comprarle todo cuanto necesitara. El niño dormía allí casi siempre, era  muy feliz, tenía todo cuánto podía desear, hasta el dulce beso de su madre todas las noches, que mantenía en secreto por expreso deseo de ella. Solo la veía cuando dormía en el barco, ella le acariciaba el pelo y el rostro mientras le contaba unos cuentos muy divertidos que lo hacían reír a carcajadas, quizás por eso se sentía tan bien en  él y lo buscó con tanta vehemencia. Al finalizar su  construcción su padre fue despedido, tuvieron que  marcharse de allí para buscarse la vida en otro lugar. Gonzalo lloró amargamente en soledad tener que separarse de aquel lugar y sobretodo de su barco, pero se prometió a si mismo que algún día lo recuperaría. No quiso, a pesar del empeño de su padre,  seguir estudiando, prefirió  no separarse de él, tenía claras cuáles eran sus prioridades en la vida y su padre estaba entre las primeras. Viajaron juntos atravesando mares y océanos, estaba ansioso por aprender y empaparse de todo cuanto pudiera proporcionarle riqueza interior, durante su infancia en el barco, su cabeza hervía en ideas, notaba que aprendía a un ritmo de vértigo, asimilaba todo cuánto oía y veía con gran facilidad, interpretaba planos como si hubiera estudiado para ello, calculaba mentalmente   de forma precisa, sabía leer cartas de navegación sin apenas recibir formación. Entendía que esa facilidad suya no era innata, le había sido regalada por algún motivo, presentía que había algo en ese barco que lo estaba preparando pero ¿para qué?. Intuía que cada hecho importante por más que pareciera fruto del azar, era guiado por  una  mano invisible, que al mover los hilos de su vida a su antojo, lo conducía a las situaciones más increíbles. Estaba convencido de que esa fuerza desconocida los había guiado hasta aquel lugar, no estaba dentro de sus previsiones pero una gran tormenta desvió aquel día su rumbo, los dejó a su suerte perdidos en medio de la nada durante varios días, hasta que avistaron una isla. Era tan pequeña que no aparecía en los mapas. Los lugareños  los trataron con agrado,  ofreciéndoles herramientas y hospedaje para reparar su embarcación de los daños sufridos, sus cálculos eran de aproximadamente un par de semanas en la isla que se convirtieron en un par de años. La ausencia de prisas en aquel lugar le hizo empaparse de las tradiciones que los indígenas  guardaban como tesoros. Se integró con facilidad en los gremios de

constructores donde fue aceptado por su pericia y se convirtió en uno de ellos a pesar de ser gremios muy cerrados que guardaban con celo las ancestrales tradiciones transmitidas de forma oral a modo de canciones de padres a hijos. Sintió que retrocedía miles de años en el tiempo dejando  que sus sentidos despertaran y se agudizaran para captar las señales que la naturaleza enviaba. Aprendió a navegar interpretando  lo que el cielo revelaba durante el día, analizando las nubes y sus formas, olfateando el aire de manera profunda, mientras que por la noche la cúpula celeste se revelaba ante él como un tapete bordado de estrellas brillantes que indicaban hacia dónde debía dirigirse. Dejó libre a su instinto más primitivo sintiéndose pleno por completo, esta plenitud lo llenaba de sensaciones desconocidas para él. En la soledad de aquella playa, por las noches cuando sólo el sonido de las olas al romper se escuchaba, en lo  más profundo de su ser  las notas de un instrumento que parecía de cuerda, se repetían continuamente en su cabeza. Era una melodía muy agradable, lo apaciguaba y se dejaba llevar viajando por lugares remotos y perdidos en su cabeza. Aunque tuvo serias dudas sobre abandonar el pueblo dónde se sentía tan vivo, tan humano, dónde la cercanía a la naturaleza que experimentaba en aquel lugar lo amarraba a sus playas y a un estilo de vida real y profundo, decidió marcharse, sentía que lo llamaban. La música desconocida tiraba de él mostrándole el paradero de su navío, lo llevó hasta él. 

LA PÉRDIDA

Después del concierto había quedado con Ricardo para tomar algo e irse a descansar al hotel. Estaba contenta, recibía muchas muestras de cariño y ese calor la reconfortaba. Se estaba acostumbrando a la fama que al principio

la molestaba sobremanera. Le llegaban cartas de muchos lugares agradeciéndole  las bondades de su música, la recibían como un bálsamo y ella se sentía feliz. Cuando se disponía a salir de su camerino, alguien llamó a la puerta. Al  abrirla, una sonrisa se dibujó en su cara.

-¡Hola Carlote, cuánto me alegro de verte!.- y sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre él y lo besó fuertemente, le tenía un enorme cariño.

-Hola María, lo mismo digo.-pero su cara no reflejaba la misma emoción que sus palabras. El motivo de su visita no era  un plato de gusto para él,  pero las circunstancias eran las que eran. 

-¡Cuánto tiempo sin verte, han pasado muchos años y muchas cosas!-le dijo entusiasmada-ven siéntate a mi lado, deja que te cuente. Carlote la siguió y con un poco de esfuerzo se sentó junto a ella, en ese momento la vio, en la esquina del fondo del camerino, colocada en un apoya guitarras. Un impulso incontrolable hizo que se levantara de golpe y se dirigiera a por ella. La tomó entre sus manos y la contempló en silencio. Estaba exactamente igual que él la recordaba, la niña la había cuidado bien, después de unos interminables segundos volvió a su lado y  carraspeando antes de poder articular palabra sentenció.

-María me la voy a llevar-y miró fijamente el rostro descompuesto de

ella.

-Necesito dinero, estoy viviendo casi como un pordiosero y esta guitarra

puede sacarme de esta miserable vida que llevo.-Y dicho esto se puso de pie esperando a que María lo frenase o le propusiera algo a cambio de

devolvérsela. María se quedó quieta, inmóvil sin saber qué  hacer, de pronto le dijo a Carlote:

-Puedes llevártela si quieres, es tuya, pero no te podrás lucrar de ella, no sonará igual con nadie más que conmigo.-y dicho esto salió del camerino con el rostro sereno y tranquilo, aparentando la más absoluta normalidad, aunque por dentro sentía que se estaba muriendo.

Cuando llegó junto a Ricardo, se puso a llorar y fue incapaz de contarle lo que había pasado hasta bien entrada la madrugada. Ricardo lloró con ella.

GONZALO

Aquella noche en la biblioteca alguien se le acercó por detrás mientras estaba absorto en su volumen sobre trigonometría esférica. Cuando levantó la cabeza vio el rostro sonriente y rosado de una chica que mirándole fijamente le

dijo:

-Me haces un hueco a tu lado, Gonzalo.-No pudo decir que no pues dicho esto lo empujó con un culetazo y se sentó en la silla libre de su derecha. Era una situación de lo más extravagante, se puso nervioso, no sabía si porque ella conocía su nombre o porque la chica era preciosa.

-Te llevo buscando desde hace mucho tiempo, pensé que no lo conseguiría, estaba a punto de tirar la toalla.-dijo angustiada. Gonzalo no comprendía nada de nada. 

-Tienes que acompañarme, tengo que hablar contigo, pero preferiría que me invitaras a un café, ¿te animas?. No le dio tiempo a decir que no, lo tomó por la mano y lo sacó de allí casi a rastras. Cruzaron la acera y se sentaron en la primera mesa libre que encontraron en la cafetería más cercana. 

-Me llamo Fuen, y tengo que contarte algo.-Gonzalo seguía perplejo. Cuando le dio el primer sorbo a su café acertó a decir:

-Veo que ya sabes mi nombre, no sé de qué me conoces ni lo que tienes que decirme pero por favor, aclárame de una puñetera vez qué es lo que quieres.

Fuen no pudo parar de reír al ver la cara de despiste de Gonzalo, así que no se demoró más y tomándolo por la mano empezó a contar una

compleja e increíble historia. Al principio la tomó por loca, pero conforme ella iba desgranando y tejiendo su relato, pudo asociar ciertos datos con las experiencias personales vividas en su barco. Cuando finalizó, ambos respiraron profundamente y se quedaron largo rato en silencio, meditando.

-Te creo, siempre he sabido que una fuerza misteriosa se ocultaba tras muchas de las cosas que me han ido sucediendo en la vida, pero  no era capaz de darle un sentido. Te ayudaré a lo que me propones. -y dicho esto le guiñó un ojo y se dejó caer sobre el espaldar de su silla satisfecho. 

-Fuen lo miro perpleja, pensaba que sería mucho más difícil convencer al devora libros de que la siguiera. Se sintió satisfecha, ese chico la ponía nerviosa,  tras su aire de empollón se adivinaba un chico fuerte y curtido en trabajos al aire libre, los suyos no parecían músculos plastificados de gimnasio.

Había sido todo un descubrimiento.

EL SUSTITUTO

No le fue difícil encontrar a un guitarrista con experiencia suficiente para que junto con su guitarra produjeran un producto de éxito. El ambiente bohemio y cerrado de los músicos le era tan familiar como su propio taller. Tenía claro que sus manos, gráciles con  formones, gubias y lijas no atinarían con las cuerdas, los años y las penurias terminaron por dejarle un temblor incómodo que le imposibilitaba ciertas tareas. Achacó a esto el no conseguir arrancar un solo acorde, no estaba dispuesto a reconocer que la guitarra lo ninguneaba. Solo dos personas habían manipulado el instrumento, ambos con suertes dispares. Era el turno de probar con un tercer intérprete. Localizó a una joven promesa, era un crío de no más de 15 años,  Carlote lo vio como el sustituto ideal, no había en principio ningún motivo por el que éste no pudiera sustituir a su predecesora con mejores resultados si cabe. La prueba fue exitosa, y desde un principio dejó atado y bien atado dos cuestiones: la propiedad de la guitarra y su parte de beneficios en todos los conciertos. Todo parecía ir viento en popa pero la perfección del nuevo guitarrista distaban mucho de la profundidad, la emoción y los sentimientos dispares que provocaba en todos cuantos la escuchaban María. La magia había desaparecido, eran interpretaciones correctas, no había nada más. Recordó entonces las tardes junto al escaparate de aquella niña que parecía estar en trance frente al instrumento, sus palabras cuando le arrebató la guitarra, pero en un instante su semblante se transformó y decidió no darse por vencido. Quizás no había encontrado al intérprete adecuado, seguiría probando. 

CANCIONES ANTIGUAS

En los días transcurridos tras la desaparición de la guitarra, Ricardo trató de animar a María e intentó convencerla de que saliera a la calle y se despejara un poco. No paraba de llorar, y se sentía culpable por no haber tratado de impedir que Carlote se marchara. Se había convertido en parte de ella misma, era como una prolongación de su cuerpo y de su ser, no concebía  su vida sin ella. Ricardo fue persistente y María acabó haciéndose a la idea de que debería aprender a vivir sin ella, si es que eso era posible. Por las noches  escuchaba sus acordes mientras dormía, cuando despertaba buscaba por toda la casa por si por arte de magia hubiera vuelto. Los días eran eternos y tristes. Fue  durante uno de los largos paseos que Ricardo y ella daban por las mañanas, cuando escuchó cantar a una cría en la  esquina formada por dos de las  calles principales de su ciudad, era pequeña, de no más de 6 años, quizás tuviera más, aunque su aspecto frágil y delicado engañaba. La había visto otras veces, jugando con un grupo de críos desarrapados. Se paró en seco frente a ella, cautivada por su forma de cantar, eran canciones antiguas, sonaban raro, quizás fueran de otro país, no era capaz de adivinar el idioma,  no pudo dejar de mirarla embelesada. Cuando terminó, alargó su mano hacia ellos, Ricardo puso  una moneda y  les guiñó un ojo. 

-¡Gracias, caballero!,- dijo sonriendo, disponiéndose a emprender la marcha.

-¡Espera!-gritó María, ¿Quién te ha enseñado a cantar, dónde has aprendido esas canciones, eres de otro país?.

-Siempre hemos vivido aquí, mis abuelos, mis padres, no sé si mis bisabuelos, quién sabe, quizás.-dijo despistada. -Las cantaba mi abuela, a veces las escucho en sueños y otras me vienen a la cabeza durante el día-dijo indiferente. Se disponía a salir corriendo cuando María la paró de nuevo. – ¿Sabes tocar algún instrumento?.

-Si el tambor- dijo riéndose a carcajadas  golpeando rítmicamente con las dos manos la caja de madera sobre la que estaba sentada. María miró a Ricardo sonriendo.

-¿Te gustaría aprender a tocar algún instrumento?, puedes decírselo a tus amigos, te he visto jugar con ellos algunos días.

-No tengo dinero, va a ser que no- contestó de forma grosera.

-No te preocupes por eso, solo tenéis que probar y comprobar que tal, para mí será un placer enseñaros. 

Quedaron para verse en días posteriores. La empresa tuvo éxito y María consiguió unos alumnos entregados y agradecidos. Concentró sus esfuerzos en ellos, el gesto de su cara volvía a ser el de siempre. El grupo, se hacía cada vez más numeroso y esto la enorgullecía, el local se llenaba cada tarde de críos, de instrumentos de cuerda cedidos gracias a  aportaciones de  vecinos complacidos, ya no se veían niños pidiendo por las calles. María observaba de forma cuidadosa a Ángela, su nueva amiga, en cierto modo le recordaba a ella. Tenía una voz prodigiosa, dulce, profunda, pero lo que más le llamaba la atención eran las canciones que interpretaba. Sonaban como muy antiguas, intentó averiguar preguntando a los padres  sobre la procedencia de los sonidos, el país o la época, pero no supieron darle datos. Intentaba unir en su cabeza los sonidos de su guitarra con las canciones de la niña. ¿Existía alguna conexión?, imposible, se decía.  Y decidió olvidar el tema para siempre, quizás estaba obsesionada. 

LA VISITA

Esa tarde llegó a casa cansada, se dejó caer en el sillón, no llevaba ni cinco minutos tumbada con los ojos abiertos cuando llamaron a la puerta. Un muchacho más o menos de su edad, con una sonrisa encantadora la miró y con  voz profunda le preguntó:

-¿Eres María, verdad?. Se quedó sin saber qué decir. Lo volvió a mirar de arriba a abajo sin estar segura que contestar.  

-¿A qué María buscas?. Yo me llamo María pero creo que andas confundido, yo no te conozco.

-Tú eres la chica de los conciertos, la que toca la guitarra, ¿verdad?, te he visto en los periódicos. 

María se fue para atrás e hizo el amago de cerrar la puerta, el chico la detuvo.

-No cierres, necesito hablar contigo es importante.- Sus ojos parecían sinceros, su tamaño hacía que no pudiera apartar la vista de ellos, sólo los rizos rubios que se descolgaban elásticos hacia su frente la hacían desviar un poco la mirada.

-Perdona, no me he presentado, me llamo David, sólo te pido unos minutos-. Se le antojó que podría ser un periodista que venía a meter las narices en su vida, así que decidió inventar una excusa y quitárselo de encima. No tuvo tiempo, el chico continuó hablando.

-Tu guitarra forma parte de algo más grande de lo que imaginas, necesito que me acompañes, debo explicarte algo.- Al escuchar esto, se desconcertó un poco, hasta ahora ella y Ricardo parecían ser los únicos conscientes de que había algo que no podían explicar en torno a la guitarra y su música. De repente este chico, parecía tener información de lo que para ella era un misterio que la acompañaba desde pequeña. 

-Pasa, aquí estaremos tranquilos.-la curiosidad la podía.

-Antes de nada he de decirte que la guitarra ya no está conmigo- dijo con una mirada desgarrada, ahora si vas a contarme algo te ruego que no te demores más. David titubeó por un momento, dudó si continuar, pero miró a la chica a la cara y pudo ver el dolor que la atravesaba. Entendió que ella era parte importante en todo el asunto, asumiendo que necesitaría toda la información que  pudiera aportar.

-Está bien, entonces la buscaremos juntos, cuento con ayuda- y respiró profundo para trasladar a María todo lo que ella debía de saber.

TODOS JUNTOS

Desde el día que conoció a David, su vida volvió a cambiar, alternó  las clases de música del barrio con la búsqueda de Carlote, había que encontrarlo y convencerlo. Quedaron en verse en el barco, era la primera vez que coincidían todos más no era una reunión de extraños. El barco la deslumbró no tanto por su opulencia  como por el cosquilleo  de estómago  que le provocó,igual que cuando tocaba-se dijo sonriendo. No había nada fuera de lugar, todo estaba como en sus visiones, la espectacular escalera de caracol que llevaba hasta la biblioteca,  el pasadizo lleno de obras de arte que desembocaba en  el teatro, el balneario, no podía perderse allí dentro, por eso no necesitó de ayuda para llegar al comedor, donde estaba citada. Cuando vio aparecer a Gonzalo sintió el impulso irrefrenable de ir a abrazarlo, así lo hizo. Gonzalo la recibió con los brazos abiertos y  la mantuvo apretada  contra su pecho, se habían visto tantas veces en  sueños, se  conocían tan bien, que lo único que echaban de menos era el calor  de un abrazo. El invisible vínculo que los unía los hacía sentir más que hermanos, aunque eran unos desconocidos.  No tuvieron necesidad de decirse nada,  se limitaron a mirarse a los ojos. El resto de amigos contemplaron conmovidos la escena, la dulzura del momento se trasladó a todos los rincones de la habitación. Gonzalo presentó a María al  resto del grupo, se saludaron atentamente. De la misión encomendada sólo quedaba localizar la guitarra, parecía lo más fácil de todo, se acercaba el momento pero no podrían cantar victoria hasta dar con ella. Gonzalo tomó la palabra dirigiéndose a todos con tono solemne:

-Aprendí a andar en este barco, me ha visto  crecer y yo lo he visto a él transformarse poco a poco en lo que tenéis delante, este es mi hogar, no he conocido otro. Podría contaros miles de curiosidades, extrañezas que no he contado a nadie y sé que me creeríais, porque todos tenemos experiencias similares, por eso estamos aquí. La pieza que falta en este puzle es la guitarra, debemos encontrarla y  devolverla a casa. No tenemos idea de por dónde empezar porque parece que el luthier ha desaparecido, tendremos que pensar un buen plan para hacernos con ella. Debemos dar con Carlote e intentar convencerle de que devuelva la guitarra a María, si esto no funciona no podremos hacer nada.

Estuvieron de acuerdo pero si esto no daba resultado,- ¿Qué debían hacer?, -eso fue lo que planteó Fuen levantando la mano. Nadie dio una respuesta.

Intentaron localizar a Carlote y no lo consiguieron, había desaparecido y junto a él la guitarra. Buscaron e indagaron, investigaron en los gremios de luthiers, entre los músicos y no lograron nada.

LA CASA DE EMPEÑOS

Cuando entró en la casa de empeños solo quería sacar lo suficiente para cenar aquella noche, llevaba varios días sin comer, apenas las sobras endurecidas de un pan que había dosificado para que durase lo máximo posible. Estaba casi desfallecido, pero a la flojera provocada por la inanición se unía la pesadumbre que lo carcomía por dentro. No había funcionado nada de lo que tenía planeado, al dejar la guitarra sobre el mostrador  dijo adiós definitivamente a sus sueños. No había hecho las cosas bien desde un principio, quizás si hubiera negociado con la niña, quizás si le hubiera pedido sin más parte del dinero de sus actuaciones, quizás si la avaricia no lo hubiera cegado. Ya era tarde, solo quería cenar algo caliente y dejar de pensar. Había intentado localizar a María para devolverle la guitarra después de los múltiples fracasos sufridos. No logró encontrar a nadie que se equiparara en lo más mínimo a la pequeña, lo peor de todo es que sabía perfectamente que no lo encontraría por más que buscara. La niña ya se lo advirtió aunque no quiso escucharla. La buscó para pedirle disculpas, para que dejara de sufrir, porque tenía constancia del daño ocasionado, pero no logró dar con ella, no pudo localizarla. Rememoraba en su cabeza todo lo que había sucedido desde el día en que se topó con ese tablón de madera en el aserradero, buscando una pista que diera sentido a todo.  Recordó los días  encerrado en su taller, ilusionado como un niño construyendo su obra maestra, poniendo su alma en ello, y no encontró nada que explicara  lo sucedido. Tomó su dinero, buscó un sitio cálido dónde poder cenar, descansar un poco, mañana pensaría cómo sobrevivir. Cuando salió del restaurante miró al cielo, nada parecía haber cambiado sin embargo  ya no era el mismo.

CARLOTE

Localizaron al  intérprete que Carlote seleccionó tras recuperar la guitarra, éste les puso sobre la pista, les comentó que parecía haber perdido la cabeza, que estaba obsesionado con el instrumento, que cuando no se sentía observado hablaba con ella como si pudiera escucharlo, que desconfiaba de todos poniendo mucho celo en esconderla, como si temiera que se la arrebataran. Les contó que la última vez que lo vio parecía ido, deambulaba por la calle hablando solo, lo saludó y pareció no reconocerlo, avisó a las autoridades  y  lo último que supo de él es que lo  internaron en un centro psiquiátrico. Después de mucho tiempo tenían una pista que parecía segura, solicitaron una cita para visitarlo, fue María junto a Gonzalo los que  pasaron a hablar con él.

-Carlote soy María- le dijo tomando sus manos y acariciándolas suavemente, -he venido a verte porque necesito hablar contigo.El artesano levantó su plateada cabeza y no pareció reconocerla. Esperaron un rato intentando que Carlote reaccionara, no pasaba nada, estaba ausente, en su mundo, eso fue lo que  le contó la enfermera con la que charlaron en recepción. No se podía hacer nada. María rompió a llorar, estaba desolada, Gonzalo trató de animarla sin  mucho éxito, empatizaba con ella y entendía perfectamente cómo se sentía, la dejó desahogarse sin molestarla. Al marcharse se volvió de nuevo hacia el anciano y por impulso sacó de su mochila un reproductor de música donde tenía guardadas algunas de sus más aclamadas actuaciones. Lo puso en funcionamiento y de forma inesperada Carlote levantó la cabeza y les miró con cara de asombro,  no pudo controlar  su ahogado llanto, entre suspiros dijo: 

-Por fin has venido- susurró-, pensé que no volvería a verte y eso no podría soportarlo, María, necesitaba hablar contigo, explicarte, disculparme por  tanto daño. Era como si de repente hubiera despertado de su letargo. María lo tomó por la barbilla mirándolo fijamente a los ojos, -no sufras más, Carlote- no te guardo rencor, siempre te he querido mucho, ¿cómo no voy a perdonar al hombre que me hizo el mejor regalo de mi vida, a quien construyó un instrumento único?

-María me tratan como a un loco y te aseguro que no lo estoy- dijo sereno, sé que me escucha, siempre lo he sabido, es como si tuviera alma, esa guitarra no es un instrumento normal hay algo en ella que me desconcierta y casi me lleva a la demencia. 

-No te preocupes esto se ha acabado, ahora voy a contarte algo y luego vas a acompañarnos. 

Cuando salieron por la puerta Carlote sintió que cada segundo de su vida había merecido la pena,  se sintió orgulloso de su trabajo decidiendo olvidar la parte oscura de todo lo vivido. Todo parecía marchar bien por primera vez en mucho tiempo, les quedaba rescatar la guitarra de la casa de empeños y cumplir la misión encomendada, se acercaba el momento que tanto ansiaban. 

-Estás resplandeciente-le dijo sonriendo Gonzalo a María mientras con un gesto cómplice le pellizcaba la mejilla. No lo podía disimular, se sentía feliz, en unos instantes la tendría de nuevo en sus manos ¿qué más podía desear?, se decía, de nuevo nadie adivinaba el desarrollo posterior de los acontecimientos.

No lo podían creer, la guitarra ya no estaba allí, alguien la había comprado, el plazo del rescate expiró y fue puesta a la venta. El vendedor no supo dar pista alguna sobre quién se quedó con ella, -aquí entra a diario mucha gente-.fue lo único que comentó de forma tajante. Cuando salieron por la puerta, Gonzalo se acercó a María, se disponía a ser su paño de lágrimas, pensaba que se derrumbaría allí mismo, pero sucedió todo lo contrario. De forma muy segura lo miró y le dijo convencida:

-Hay un motivo para todo, siempre lo hay, la encontraremos no lo dudes, es nuestro destino.-dijo María serena.

Todo volvía al punto de partida, buscaron, preguntaron, indagaron, pero parecía que la hubiera tragado la tierra, después de un tiempo de intensa búsqueda, decidieron volver a sus quehaceres. Retomaron la cotidianidad de sus vidas, sin bajar la guardia de sus pesquisas, decidieron estar atentos a cualquier señal, la guitarra podía estar en cualquier lugar, si hubiera salido de allí sería imposible dar con ella sin ayuda. Los fines de semana se reunían en el barco esperando que alguna señal les iluminase, les ayudase a dar con la pista que les condujera a ella, pero no sucedía nada. El transcurso del tiempo, les hizo bajar la guardia.

EL CONCIERTO

Estaban todos nerviosos, era la primera actuación y ninguno podía controlar el puñado que les apretaba el estómago. Ricardo trató de

tranquilizarlos:

-Va a salir perfecto, ya veréis, habéis ensayado miles de veces, no tengáis miedo, tratad de disfrutarlo. Se había creado una complicidad muy especial entre Ricardo, los niños y María. Eran una pequeña familia. La orquesta de cuerda tocaba en el barrio, para los vecinos y familiares. Ángela cantaría junto a ellos, sería algo sencillo pero muy emotivo, ella era la única que parecía controlar bien el miedo escénico, estaba serena a pesar de su corta edad. Ya no llevaba los pantalones agujereados por las rodillas, su madre le compró un vestido muy elegante para su pequeña estrella, se sentía muy orgullosa. La noche prometía lágrimas a raudales, los pañuelos  se agotaron en las tiendas del barrio. La orquesta empezó a tocar, el silencio más absoluto se hizo. Las primeras ahogadas lágrimas se veían resbalar por las mejillas de las abuelas. María estaba encantada de ver la felicidad en el rostro de todos, esto mitigaba su pena. La actuación se desarrollaba como se había previsto, primero la orquesta sola, en la parte central María cantaría junto a la orquesta, luego un solo a capella de la niña y finalmente todos juntos de nuevo para terminar. Al finalizar la noche, los aplausos lo ensordecían todo, de repente Ángela empezó a cantar, estaba en trance, nadie parecía escucharla pues el ruido de fondo la tapaba, pero María la vio y se aproximó a ella, al escucharla no daba crédito, eran las canciones que entonó el día que se fijó en ella por primera vez, pero ahora la letra era reconocible y parecía tener un mensaje. El tiempo se detuvo para las dos, se sintieron ajenas a todo cuanto les rodeaba, solo se veían la una a la otra, aisladas de la multitud. Ángela cantó hasta caer al suelo, María la recogió y la abrazó con fuerza. Sus sospechas se confirmaban, lo supo desde que la vio. 

LA BÚSQUEDA

María presentó a Ángela al resto del grupo haciéndole gestos para que comenzara a cantar. Estaban intrigados, los había citado allí pero no tenían idea de para qué. 

El estribillo se repetía una y otra vez, María la zarandeó intentando que volviera en sí. 

Se miraron entre ellos, realmente parecía una señal, una pista, pero ¿de qué mural hablaba?, ¿dónde encontrarlo?.

Gonzalo miró a María y se encogió de hombros, ni siquiera estaban seguros de Ángela. ¿Y si no fuera más que una niña que repetía canciones que su abuela entonaba, y a su vez su abuela la hubiera escuchado de su abuela y de ahí el aire añejo de la melodía?.

María tenía una intuición, estaba completamente segura de lo que

sentía. 

Empezarían  a buscar en los museos más importantes, el Prado, Louvre, Hermitage, eran muchos, se repartirían el trabajo. Buscarían un cuadro con un árbol como elemento central, una composición árbol-guitarra,  árbol-barcoguitarra, quizás, lo mejor sería dejarse llevar y dejar que los cuadros se mostraran.

Pasaron meses perdidos en pinacotecas, entre cuadros,  Alejandro descubrió una pasión, se encargó de escudriñar el museo del Prado, jamás había estado antes en un museo, después varios días   entendió que ya no volvería a ser el de antes. Aprendió a mirar con otros ojos, al principio se limitó a buscar árboles entre los cuadros, tras varios días, en ciertos momentos se descubría así mismo embobado, allí fue donde la vio por primera vez.

No le hizo caso, pero por cortesía sabía que debía responder a su ofrecimiento de ayuda, al girar la cara se topó con algo para lo que no estaba preparado, ella. Un nerviosismo desconocido le invadió de repente, no podía apartar la mirada.

-Disculpa solo estaba mirando un poco, gracias por tu interés- la sonrisa que brotó de su cara fue sincera e incontrolable, no podía hacer nada por disimularla porque en verdad se sentía muy feliz.

-Ayer fue la primera vez que te vi, mirabas los cuadros como si buscaras algo, tengo la sensación de que no fue tu primer día por aquí, creo que podría ayudarte si me dejas,  aparte de mi uniforme.

SORPRESA

Esperaron sentados en el muelle a que la pequeña embarcación se acercara, era vieja y descuidada como el dueño, un anciano barbudo. Guillermo con ese humor que lo caracterizaba gritó a carcajadas:

-¡Robinson Crusoe!, ha vuelto de su isla desierta, y los demás se contagiaron de la risa. 

Cuando estuvo frente a ellos, la voz amable del anciano les saludó con un:

-Buenos días muchachitos-, parecía muy educado. 

Gonzalo respondió con otro

-Eso es lo de menos criatura-, respondió de nuevo,-pero creo no equivocarme al pensar que  me estáis esperando. ¿Queréis un paseo en mi barca?, no hay problema pero sois muchos y tendremos que hacerlo por

turnos. 

María se aproximó, no se ando  con rodeos,-Necesitamos su guitarra-, acertó a decir.

Se quedó pensativo, no esperaba que aquel grupo de críos estuviera allí para reclamarle una guitarra que había comprado a precio de saldo hacía muchos días, no tenía nada, solo ese instrumento que le había llamado la atención en la casa de empeños cuando compraba una linterna. Pensó que le ayudaría en sus solitarias travesías.

Titubeó antes de contestar,- ¿quién os ha dicho que tengo una guitarra?

no entiendo nada.

-Está bien, os la daré a cambio de algo.-se miraron intrigados.

-No tenemos dinero señor, comentó Guillermo. 

-No es eso lo que quiero de vosotros, os la daré a cambio de que me contéis cómo sabíais que la tenía,  por qué tanto interés en ella, y lo más importante tenéis que ser sinceros, no soporto la mentira. Se miraron antes de contestar, se lo había puesto difícil ¿qué debían hacer ahora?.María lo tomo por la mano diciéndole, -está bien, creo que es justo, tome la guitarra y venga con nosotros.

-Creo que no deberíamos hacer esto María, puede ser peligroso no lo conocemos de nada, no sabemos sus intenciones.

-Si tiene la guitarra debe de ser por algo, hay un motivo para todo, recuerda-contestó la niña. 

Cuando llegaron al cementerio de barcos,  el anciano empezó a temblar parándose en seco, su rostro palideció e hizo amago de querer retroceder. ¿Qué significa todo ésto, de dónde habéis salido, qué es lo qué queréis de mí?- gritó asustado. -Quedaos la guitarra y dejadme en paz, se giró y empezó a correr.Gonzalo lo retuvo, intentaron tranquilizarlo, el ataque de pánico sufrido por el anciano podría ser peligroso, la cosa se complicaba, ahora todos estaban perdidos en mil preguntas. 

-Necesitamos la guitarra porque junto con la madera de  este barco no hace mucho formaron parte de un árbol sagrado, era un árbol milenario venerado y protegido por fuerzas que transcienden lo racional, estaba oculto hasta que la  ambición de un loco poderoso dio con él, debemos devolverlos a casa, todo debe volver a su sitio. El anciano dejó escapar un suspiro y como pudo logró decir:

– Ese loco era yo. Yo ordené buscar el árbol, yo mandé construirlo, mi orgullo provocó esta desgracia. Los niños no le creyeron, no era posible que aquel desgarbado y decrépito anciano fuera el responsable de aquello. Consiguieron que subiera a bordo, el barco comenzó a moverse. Ferrer se sorprendió al verlo navegar, se rio a carcajadas, no podía dejar de hacerlo,  no era posible.

LA HISTORIA

Estaba todo listo,  el tronco cortado estaba decorado con grandes hojas verdes  y flores de todos los colores, sobre su inmensa superficie colocado  el libro. El chamán oraba tranquilo junto a su compañía de súbditos, sus cuerpos cubiertos con variopintas túnicas parecían estar de celebración, diríase expectantes, la pandilla de Franki compartía   oraciones, ellos no ocultaban sus rostros. Los recibieron al anochecer en la playa, la luna llena iluminaba la noche, no había nubes que ocultaran su brillo ni el de  la multitud de estrellas que adornaban el cielo. El barco fondeó muy cerca de la playa, los botes salvavidas los trasladaron a todos. Gonzalo se adelantó e inclinando un poco la cabeza a modo de reverencia se acercó al chamán diciéndole.

-Es hora de reparar el daño causado,- en ese instante, Ferrer se acercó arrodillándose frente al chamán.

-Durante mucho tiempo he sentido que tenía poder, decidía sobre la vida de mucha gente pues mis órdenes repercutían en ellos, mi único objetivo fue enriquecerme porque el dinero me proporcionaba más poder, nadie estaba por encima de mi voluntad, políticos, empresarios, todos me temían. El barco debía ser mi escaparate, mi carta de presentación frente a todos, debía demostrar sin palabras quién era yo, sabía que necesitaría un árbol especial para cumplir mi sueño, estaba seguro que lo localizaría. Para mí el árbol no significaba nada, estaba ahí para disponer de él, no tenía más función que la de servirme, ¡qué equivocado estaba!-se lamentó. El gran chamán hizo gestos para que se levantara y pidió a todos que lo acompañaran, todo estaba preparado para la gran ceremonia, su presagio se había cumplido, por fin el árbol volvía a casa.

María respiró profundo necesitaba embriagarse del perfume salvaje que envolvía el lugar, miró a Gonzalo y lo descubrió exultante, realmente lo estaba, de todo cuanto había vivido hasta ahora, esto era lo más emocionante, aunque no era consciente de lo que le esperaba. El chamán se colocó sobre el altar que un día fue árbol frente al libro y se dispuso a dar instrucciones precisas, colocando a su derecha a María y a su izquierda a Gonzalo. Los demás se colocaron haciendo un círculo alrededor de lo que quedaba del tronco, el luthier  entregó la guitarra. Al colocar el instrumento sobre el altar, las cuerdas empezaron a vibrar y el chamán rompió a emitir sonidos guturales que hicieron erizar la piel de los que allí estaban. Una suave brisa meció las copas de los árboles, poco a poco la brisa fue subiendo de intensidad a medida que los cánticos aumentaban su tono. El cielo empezó a cubrirse de nubes negras que presagiaban tormenta, la noche estrellada se convirtió en un espectáculo dónde el viento y la lluvia eran sus principales protagonistas. Todos permanecían inmóviles a pesar de las adversidades climatológicas, el chamán seguía subiendo progresivamente el tono de sus oraciones, de repente dejó de orar y  en un idioma que los niños si eran capaces de entender cantó acompañado de sus ayudantes y del sonido cómplice de la guitarra:

“VOLVERÁS AL SITIO AL QUE PERTENECES,

LA TIERRA TEMBLARÁ Y EL CIELO TORNARÁ OSCURO

TODO EL UNIVERSO ENTONCES

SABRÁ QUIEN ERES,

ALMA ENTRE LAS ALMAS,

DIOS ENTRE LOS SERES,

Y ASÍ SERÁ, SERÁ ENTONCES,

CUANDO  EL CIELO OSCURECERÁ

Y SOPLARÁ EL VIENTO,

Y ASÍ SERÁ, SERÁ ENTONCES,

QUE A LA TIERRA VOLVERÁ, AQUELLO QUE FUE

Y SIEMPRE SERÁ.

Fue entonces cuando un tornado de grandes dimensiones hizo saltar en mil pedazos el barco atracado cerca de  la playa, la fuerza del fenómeno lo convirtió en millones de finas virutas de madera que el viento trasladó flotando en el aire hasta depositarlas cubriendo el suelo que rodeaba el tronco, abonándolo. Cuando Gonzalo fue consciente de lo que acababa de suceder se hincó de rodillas en el suelo, estaba escrito que así sucediera pero no pudo soportar ver desaparecer de aquella manera lo que tanto amaba, no le había dado tiempo a preparase para este golpe, perdido entre tanta belleza. La misteriosa extremidad de aquel ser se posó sobre su hombro para intentar consolarlo, un murmullo le musitó al oído, lo apaciguó, pero no pudo contener  un reguero de  lágrimas desbordadas por sus mejillas, sintió que ahora si lo había perdido para siempre. El chamán abrió el libro y dirigiéndose a todos dijo:

-Llevamos muchos años viviendo en este planeta, decidimos quedarnos para proteger la semilla que plantaron un día nuestros antepasados, este árbol era un ejemplar único, especial, fue traído por ellos desde nuestro hogar más allá del sol, era nuestra misión cuidarlo y orar junto a él, así ha sido durante generaciones. Este árbol nos ha permitido ser observadores de los cambios sufridos por el planeta a lo largo de varios milenios, siempre permanecimos ocultos, nunca visibles hasta ahora. Sentimos que algo sucede, sufrimos mucho por ello, contemplamos horrorizados como actúa el ser humano sobre  su entorno y sus semejantes. Habéis  avanzado si, más la ciencia sin conciencia no conduce a ningún sitio, el odio por el odio tampoco. El día que los leñadores talaron su tronco algo nos golpeó a todos por dentro, sentimos rabia, indignación, nunca antes lo habíamos sentido, pensamos que no podríamos superar esto, sin embargo se puso en contacto con nosotros y nos envió las instrucciones de lo que debíamos hacer. Convertimos su corazón en este libro, tal y como él deseó y nos indicó cómo localizaros, él se encargó del resto. Su poder emana de la naturaleza y fue ella la que lo ha devuelto de nuevo a casa. En poco tiempo brotará otro ejemplar,  ha abonado la tierra para que esto suceda, está escrito. En cuanto a vosotros, estáis aquí por otro motivo, creemos que son muchos los que sufren, no podemos hacer nada para evitarlo, pero si podemos paliar en parte tanto daño. La guitarra y el libro son parte de este ser que un día fue,  estaban destinados a fundirse en la tierra con el resto de la madera, pero ha sido él quien ha decidido que esto no suceda. María la guitarra te acompañará  hasta el fin de tus días, conoces cuál es su don y debes aprender a utilizarlo bien, es parte del alma de este árbol. Cuando conozcas  sus alcances, entenderás que sanar el alma es tan importante como sanar el cuerpo, ahí radica su importancia, y la música es la mejor herramienta. Úsala bien, pues tus congéneres adolecen de un alma confusa, perdida en creencias  malinterpretadas que dañan y oprimen. Esa será tu misión y la de tus descendientes. Para ti Gonzalo es el libro, sabemos cómo el barco te ha ido preparando, te ha ido moldeando sin que tú lo supieras desde que eras un bebe, todo ha sido premeditado para hacer de ti un ser, completo, que lee las señales de la naturaleza y percibe más allá de los sentidos. Tú serás el guardián del libro, te entregamos su custodia.  Nadie más que tú conocerá los secretos hasta ahora ocultos de la naturaleza. No habrá enigmas para ti, sobre éste u otros mundos. 

MI ABUELA

-Ya lo sabes todo Héctor- sentenció mi abuela con el rostro sereno.-Ya sabes cuál será tu papel en el futuro, cuando yo ya no esté aquí. No podía esperar más tiempo,  la muerte me acecha,  tenía que contártelo, de ahora en adelante, pasarás las tardes conmigo, te iré explicando cómo funciona la magia y todas y cada una de las acciones que yo junto a mis amigos hemos realizado, esto te preparará para lo que se avecina. 

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