Distracción (Relatos en cadena)

El bueno de Juan vivió con el convencimiento de que la hora de su muerte llegaría el instante menos pensado. Es por eso que estaba atento a todo cuanto aconteciese para estar preparado y ser él quien la cogiera desprevenida.

—¡Un día menos! —se jactaba cada mañana alardeando de que su cita estaba más próxima cada vez. Le preocupaba que ella lo sorprendiera de noche, con alevosía y nocturnidad, chafando de esta manera sus planes.

—¡Sabes que puedo ser yo quien te encuentre! —gritaba a veces.

Un beso lo distrajo aquel día.

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